Tessaloniki: No te enfades conmigo, mi amor

Hay melodías que evocan nostalgia por sí solas. Hay versos que a pesar de nacer en un lugar determinado son universales. Algo así ocurre con Mi mou thimonis, matia mou (no estés enojada conmigo, mi amor). Se trata de una pieza musical que es también obra de arte pues su unidad, armonía y existencia propia permite al auditor transformarse en el viajero que ha dejado atrás Tesalónica, la ciudad del castillo blanco y las casas enrejadas.

Versiones hay muchísimas, pero es la de un joven Georgios Dalaras, grabada a principios de los 70s la que atrapó los corazones de los griegos y le dio su definitiva y entrañable cadencia. La misma que hoy arrebata nuestros sentidos. La interpretación de Dalaras con sus celebres caras y gestos, siempre ocupado en re-crearla con la orquesta y el público hacen que la canción sea casi una oración colectiva. Lo usual es que Mi mou thimonis aparezca casi al final de sus presentaciones poniendo al tiempo (y la historia) en suspenso con la celebre introducción-improvisación de bouzuki. Espacio que pareciera hacer hablar palabras dulcísimas al instrumento, tal como hubiese querido su luthier.

Una canción de amor para Tessaloniki

Al igual que muchas de las grandes canciones de amor Mi mou thimonis no se refiere a una mujer, sino a un lugar, un momento. Y en el caso particular de esta, como toda obra de arte ella, es testimonio del tiempo, de su tiempo y geografía. Es Salónica y su diáspora. Y claro fue un saloniki, Stavros Kougioumtzis (1932-2005) -uno de los más grandes compositores griegos de todos los tiempos- quien compuso No estés enojada conmigo, mi amor, en los años 60.

La capital de Macedonia, Tessaloniki fue el gran amor de Stavros. Mientras estudiaba piano en el Conservatorio Estatal de Salónica conoció cada uno de los rincones de la ciudad portuaria y las melodías que traían los griegos expulsados de Turquía no le fueron indiferentes

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Ευδοκία: la mejor película griega de todos los tiempos.

Afiche de la película

En 1986, los críticos de cine griego votaron a Evdokia (gr.: Ευδοκία), una película del año 1971 como la mejor película griega de todos los tiempos. En Chile la tragedia contemporánea del amor entre un sargento y una prostituta es difícil de conseguir. Sin embargo, gracias a los programas de archivos compartidos, Evdokia está siendo reconocida por audiencias más amplias.

Es que la película escrita y dirigida por Alexis Damianos, es una muestra perturbadora del lirismo que puede significar la violencia. Ευδοκία es un drama de pura y simple pasión. Los protagonistas son dos jóvenes imbuidos por la complejidad griega a principios de los 70’s: Un sargento de nombre Yorgos (George Koutouzis) y la prostituta Evdokia (Maria Vasileiou), luego de un breve e intenso idilio contraen matrimonio. Pero como en toda historia de amor, o por lo menos en las verdaderas, la trama es una verdadera “tragedia griega”. El medio social y la geografía importan una ominosa carga que tiene el efecto de corroer la relación. Los amantes se rebelan contra la superestructura que los pone como marionetas en el teatro de la vida. El sargento intentará librarse de sus obligaciones, pero un destino común rige sus vidas. Los minutos pasan cargados de tensión por la infausta certeza que finalmente serán triturados por su osadía.

Los jóvenes se comportan como héroes tributarios de la revolución de los 60’s pero viven en una διήγησι (diégesis) que Alexis Damianos construye de modo surrealista dónde no es difícil reconocer –aunque no se nombra- una sociedad abrumada por la crisis política que culminó con el golpe de Estado militar de 1967 llamado «de los coroneles», que encabezó Georgios Papadopoulos.

La pareja siempre está en escenarios ‘quemados’ por la luz, y a pesar de la trama de color, el tono es duro y pobre. Sus actividades también lo son; el rock, la motocicleta, los bares, la mezquindad de la pequeña burguesía, lo tosco del lumpenproletariat y la periferia, las maniobras militares, el vecino como sospechoso, la introspección, la sensualidad intempestiva, etc., son elementos que ahogan a la pareja y agobian al espectador que parece acompañarlos en su derrotero, sin sentirse identificado con sus modos. Evdokia es una narración prosaica que asume y recupera la dimensión que debió haber tenido la antigua tragedia.

Para el final, no se puede dejar de mencionar la escena más conocida, dónde aparece el crudo tema instrumental “El zeibekika de Evdokia”, escrito por Manos Liozos y grabado a fuego en la memoria colectiva helénica, como la neorealista Valparaíso mi amor(1969) en Chile. Uno de los más fuertes empujes para el renacimiento de esta danza urbana y el rembetika en general.

Desde hace unos meses la película puede ver completa en google videos.