Secularistas turcos luchan por mantener un Estado no islámico

Más de 750.000 turcos secularistas realizaron la manifestación más grande de la historia turca este sábado 21, al marchar a través de las calles de Ankara en un esfuerzo de persuadir a primer ministro Tayyip Erdogan del moderado partido islamista Justicia y Desarrollo (AKP por sus siglas en turco) de no postular a la Presidencia este mes.Después de una serie de discursos en la Plaza Tandogan el corazón de la capital turca, los manifestantes caminaron al mausoleo de Kemal Ataturk, primer presidente de la Turquía moderna, ferozmente secular y fundador de la república en 1923, cantando lemas tales como “Turquía es secular y secular permanecerá”, “mañana será demasiado tarde” y “El camino a Cankaya (palacio presidencial) está cerrado a la Sharia (Islámica)”

Bajo ley turca, el presidente tiene poca capacidad ejecutiva pero tiene veto para nombramientos burocráticos y puede retrasar el paso de leyes volviéndolas al parlamento para reconsideración. El presidente titular, Ahmet Necdet Sezer, cuya cadencia de siete años expira el 16 de mayo, ha bloqueado en varias ocasiones cualquier legislación que ha estimado como amenaza a la interpretación -a menudo draconiana- de la fundación secular de Turquía y también ha vetado nombramientos de centenares de burócratas, considerando que ellos eran activistas del islamismo.

La constitución turca indica que el parlamento elija al presidente, que, dada la enorme mayoría parlamentaria del AKP (Adalet ve Kalkınma Partisi), significa que esta agrupación designará al sucesor de Sezer. Los secularistas turcos temen

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Atentados en Argel, la punta del iceberg del salafismo radical


Treinta y tres muertos, más de doscientos cincuenta heridos, es el luctuoso balance de dos atentados suicidas acaecidos en Argel. La ciudad fundada por el héroe mítico Hércules necesita probar ahora su fortaleza para hacer frente al radicalismo salafista.

Por Jorge Zeballos Stepankowsky

Dirigidos en particular, contra el Estado argelino, los atentados contemplaron el Palacio del Gobierno y un edificio de la policí­a que también es sede de la Interpol. Reivindicados por Al-Qaida para el Magreb Islámico (en árabe, الجماعة السلفية للدعوة والقتال), el nuevo nombre tomado en enero de 2007 por el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), supone la visualización de una organización conocida en el ámbito de la seguridad internacional por ser apologética del salafismo integrista radical, una de las miradas de supremacismo islámico más rigorista y enemiga de la modernidad. Esta ideología insiste en la demolición de la modernidad para levantar una teocracia islámica en todo el Noroeste de África. Ciertamente una visión mucho más compleja que una simple filial argelina para Al-Qaida.

En Latinoamérica, poco es lo que sabemos del grupo; muchas de las informaciones que circularon en los últimos días se basan en analistas en terrorismo, que han prodigado análisis apresurados y pletóricos de afirmaciones inverificables. La realidad es que no estamos preparados para hacernos una idea del peso del grupo y su actual implantación en los otros países del Magreb y ciudades de la metrópoli francesa, donde tiene sus redes financieras.

El origen de Al-Qaida para el Magreb Islámico está en Argelia en 1997 como la escisión del Grupo Islámico Armado (GIA) encabezada por Hassan Hattab, un comerciante quien se dio a conocer como terrorista con el asesinato del ex primer ministro argelino Kasdi Merbah cinco años antes. Hatab lideró el GSPC durante varios años, pero en septiembre de 2006 se acogió a la Ley del Perdón que reguló una polémica amnistía para los terroristas islámicos arrepentidos, iniciativa del Presidente Bouteflika para superar la guerra civil.

Otros líderes de la organización son el muftí Ahmed Zarabib, los líderes espirituales Abu Qutada (jordano) y Abu Al Haitan. Vinculada desde sus principios la Yihad islámica y, desde 2002 progresivamente con Al Qaeda. La comunidad de inteligencia la considera como una de las organizaciones de terrorismo islámico más peligrosas de Europa y el Magreb.

Sin embargo, más son las zonas grises respecto de las actividades de los ex-GSCP, y mucha responsabilidad le cabe en esta situación a las propias autoridades argelinas que no desean hacer luz sobre los años de la guerra civil y la implicancia

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