pensamiento judío europeo moderno: Cohen y Levinas y más allá

Hacer investigación sobre el pensamiento judío europeo del siglo XX es siempre un espacio fascinante. A diferencia de otras líneas en la historia de las ideas, examinar la reflexión judeo-europea significa reconocer la conjugación de tres campos: La filosofía europea; la moderna experiencia judía y la conexión de ambas en contextos europeos, como el francés o alemán o, en contextos ultra continentales como América del Norte, Israel o América Latina.

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Una investigación relevante

Dentro y fuera del campo de los estudios judíos, se aprecia cada vez más interés en el diseño textual de las tradiciones judías, en las biografías de sus intelectuales, como asimismo de los movimientos religiosos, éticos y políticos que le han dado vida. Al mismo tiempo, los estudios judíos reconocen hoy el valor de examinar los fenómenos intelectuales judíos dentro de su contexto nacional o culturale, como por ejemplo, insertando la investigación como parte de la fenomenología de Edmund Husserl, la radical hermenéutica de Martin Heidegger o alguna perspectiva estructuralista. Este reconocimiento mutuo de poner en relieve la búsqueda de una perspectiva judía contemporánea en política y ética, se ejecuta mediante la presentación de revisiones críticas de los textos de los principales pensadores judíos continentales. Se entiende que el estudio de estos pensadores tradicionales y modernos ayuda a explorar el enlace actual entre la reflexión sobre la moralidad social y la practica de la experiencia política.

Si tuviésemos que identificar sobre que columnas se sostiene este edificio que es le pensamiento judío europeo contemporáneo, hay consenso entre la numerosa y entusiasta pléyade de investigadores, que las cuestiones exploradas por Emmanuel Levinas y Hermann Cohen sobre filosofía y ética, pueden ser consideradas las más principales y veneras. Y es que para un siglo que se pronostica de gran movilidad migratoria y con nuevas asimetrías, Cohen, hijo de la emancipación judía, heredero de la haskalá y la Alemania Guillermina, es de particular interés. Entre otras cosas, es clave su idea sobre el “amor de vecino” (Ahavat ha Re’a). Se trata de un viejo hebraísmo que fue expuesto por primera vez

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Sobre Wittgenstein y su judeidad: una tesis radical

De Wittgenstein se ha dicho de todo. Para algunos -como John Maynard Keynes- era Dios, para otros era un obseso irascible. Su vida personal es revisada al detalle en el vano intento de esclarecer su biografía pues cada descubrimiento revela una personalidad aún más compleja. En lo personal, mi acercamiento al filósofo no había sido muy entusiasta, su ‘odio absoluto’ por la mínima falta de precisión expresiva, me lo figuraba no como un ídolo sino como un engreído excéntrico, pero bueno, desde algunas semanas el filósofo Marcelo Díaz, irrumpe de modo hebdomadario con una re-visita empática desde la teoría del conocimiento al polémico autor y, ha traído nuevas luces a este profano en filosofía analítica.

Por Jorge Zeballos S.

Es que entusiasma ver como fulgura el profesor de la escuela de filosofía de la Usach cuándo relata el ya mítico episodio conocido como ‘el atizador de Wittgenstein’. Díaz narra con gracia aquel verano de 1946 en el Cambridge Moral Science Club dónde a propósito de la visita y exposición de Karl Popper titulada: “¿Hay problemas filosóficos?”, un iracundo Ludwig Wittgenstein refuta y finalmente exasperado, coge el atizador de la chimenea y lo blande contra el invitado, exclamando: “¡De usted un ejemplo de regla moral!”, la respuesta de Popper es genial: “No se debe amenazar con un atizador a los conferenciantes”, Wittgenstein que no estaba para discutir ‘sentidos profanos’ de la filosofía abandonó la sala dando un portazo. Sólo su maestro de entonces, Bertrand Russell logró después apaciguarlo.

No hay duda, la biografía de Wittgenstein logra interesar y busca ‘hacer pensar’ sobre lo que lleva a un hombre a renunciar a su enorme fortuna familiar para dedicarse a la filosofía analítica. Es que no es fácil intentar penetrar en una de las mentes más poderosas del siglo pasado, un enfant terrible que pareciera vivió toda su vida al limite del suicidio, la misantropía y el rigorismo textual y verbal, pero que su ultima frase, dicha en el lecho de muerte fue: ‘Tell them, I had a wonderful life’ (dígales, que tuve una vida maravillosa). Por eso aquel contexto usachiano me hizo recordar

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