Isidoro y Wladimiro Lifschitz hace 88 años estos niños nos interpelan

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Revisando una revista de 1926 tropiezo con una foto de los hermanos Isidoro y Wladimiro Lifschitz. La foto aparece en Nosotros, la seminal publicación de la juventud judía y el Yishuv redactada por un jovencísimo Natalio Berman y un par de amigos.

Los hermanos son párvulos y aún viven en Valparaíso. La postura rígida no aplaca la energía de sus miradas; pareciera que desde entonces ellos cuestionan, preguntan por lo que hay plus ultra el salón fotográfico.

Isidoro y Wladimiro visten traje marinero, sombreritos, medias y zapatos blancos de rigor. Aún desconocen que años después serán protagonistas de su tiempo, radiólogo uno; psiquiatra el otro, lo humano no les será indiferente y conservarán siempre las מענטשלעכקייט o mentshlekhkeyt toda su vida (propiedades que te hacen un mentsch).

Es el año 1926 y no saben que una época de cambios revolucionarios termina y otra terrible se inicia. El niño Isidoro posa de frente, con sus brazos y manitos infantiles bien plantadas parece plantarle cara al mundo. Wladimiro en actitud de duelista de esgrima, aparenta cierta perplejidad que no sabemos si es por el escenario o alguna otra cosa. Imagino que el estudiante de medicina Berman los ha escogido por la amistad que le une a su padre. Los Lifschitz Salita son de una familia íntegra, y los chavales continuarán siéndolo cuándo se conviertan en campeones en la creación y defensa de un judaísmo laico, moderno y chileno. También lo será su hermana Sylvia.

Los niños de la fotografía cuando  estén en los veinte y tantos buscarán dar respuesta a las mismas preguntas que hoy se hace mi generación. Preguntas que por ejemplo desarrolló Paula Calderón en su conferencia sobre Ana Arendt  el pasado miércoles en la biblioteca de Bellavista. La diferencia es que ellos con muchas menos herramientas con las que contamos ahora se dieron a la tarea de poner en práctica la respuesta que suscribieron: el proyecto de articular una comunidad de amistad (Jáverschaft) que fuese capaz de fundir el compromiso político (‘Doykeit’) con su judeidad  (‘Yiddishkaith’), en suma, el ideal ikufista sancionado en el Congreso de París de 1937. A ese kreyz austral los Lifschitz y sus amigos le pusieron nombre: Centro Cultural Scholem Aleijem; al periódico que editaron le titularon Tribuna Judía, al círculo de lectura crítica feminista le llamaron Leynkrayz, y al programa de radio, La hora Hebrea. Todo ello, sin olvidar sus obligaciones en sus respectivos núcleos militantes.

Pero en la foto aún es 1926 y el puerto de Valparaíso se acomoda ante la apertura del Canal de Panamá. El Presidente Figueroa cree ingenuamente que puede zafar las turbulencias y controlar al general Carlos Ibáñez aún es ministro de Defensa. Es el año en que la mujer obtiene el derecho a voto; pero solo en municipales, y el padre de los niños no deja de  analizar Chile pero  en clave Yidisher Arbeter Bund.

Insisto, es 1926, y la foto de estudio es mucho antes mucho de su amistad con los hijos de otros bundistas y linke-poaleitzionit, como las y los Krasniansky, Schapira, Volosky, Brodsky Pilovsky y Mendvinsky. Los hermanos llevan pantalones cortos, pero otros, un poco mayores que ellos, recién ingresados a la universidad como Natalio Berman, Daniel Schweitzer, y Vicuña y otros ya discuten hacer una rebelión universitaria, en el espíritu de Córdoba 1918.

Y aunque 88 años me separan de ese instante, ver a Isidoro y Wladimiro en Nosotros me conmueve. Quién podría pensar que esos niños serán los moceríos que no quedarán impasibles ante la cuestión social inaugurando policlínicas y asistencias jurídicas. Que serán los jóvenes que resistirán el auge de los totalitarismos, sostendrán la solidaridad con España, vivirán la épica del Frente Popular, organizaran la articulación antifascista, vibrarán con Stalingrado y La Orquesta Roja, y rehilaran con  Varsovia e Hiroshima. Son ellos los de la Alianza de los Intelectuales, los del teatro ídisch, del grupo Avance, los que insistieron en el Vaad de hablar de Emantzipatzia veJinuj y mantener el yiddish. Serán también los adultos que no buscaran respuestas fáciles  para lo de Suez y Nasser, Cuba y los misiles, Argelia y la tortura, el comunismo y el XX Congreso del PCUS. Pero en en 1926 son sólo dos niños ante un camarógrafo y aún no conocen a Ravines, Allende, Neruda, Zorrilla y Corbalán; es en definitiva antes del Frap y la UP, antes de su exoneración, antes del exilio.

Es 1926 y Natalio Berman, la centelleante promesa de la kehilá, el hijo Isaías y Clara, el hermano de Luisa, el vigoroso estudiante de medicina —casi por intuición— confía en ellos. Los presenta en la revista que redacta, parece querer decir ¡Hey, hey! Santiago, prepárense, que los hermanos Lifschitz están al aguaite.

Los ojos de Isidoro y Wladimiro parecen hablar ¿Qué dicen? Al igual que el lente que desafían parecen ansiosos de comerse al mundo. Contemplar sus ojos y a partir de allí hacer retrospectiva de su tiempo es renovar el compromiso del her-ness, o el andar ‘con los ojos en la calle’ como describe Paloma Baytelman.

Isidoro y Wladimiro el ángel de la historia que describe Walter Benjamin les depara tragedias y alegrías. Yo lo sé; ellos no, gustaría advertirles, avisarles que se preparen, sugerirles que hagan esto, insinuar que innoven en esto otro; pero no se puede, el carro de la historia judía-chilena se vuelve vertiginoso en 1926, sólo me conforta saber que ellos lo condujeron por un rato.

Koszmar, la pesadilla de polacos, chilenos y argentinos.

Mary Koszmary (La pesadilla de María) es una ucronía audiovisual de la artista Yael Bartana. Filmado en Varsovia está rodada en un plano único y dura sólo algunos minutos, pero la potencia de su imagen y guión dan cuenta de una nueva vía de examinar -sencilla y brutal a la vez- la contemporaneidad judía, la europea y más allá.

Jorge Zeballos Stepankowsky.

“¡Judíos, compatriotas… Vuelvan a Polonia, su país!” Exclama con sinceridad ‘el líder’ a una audiencia silente. Si eres judío o conoces la historia del judaísmo polaco te parecerá una afirmación extravagante. Es que el cortometraje Mary Koszmary (pesadilla, en polaco) dirigida por Yael Bartana, una israelí egresada de la Escuela Belzalel, arrebata los sentidos.

El guión es de los polacos Kinga Dunin y Slawomir Sierakowski, quien además personifica al líder. La trama se inicia con los primeros sones del himno nacional de Polonia. De pie sobre el pasto, a contrapicado un hombre joven -‘el líder’- declama la solución para la pesadillas que atacan su nación. En español suena como si se tratara de ‘La pesadilla de María’ (por extensión Polonia). Está vestido como tecnoburocrata, corbata roja, chaqueta de cuero, lentes. La alocución posee el rigor estético del realismo socialista pero lo que conmueve es la audiencia; se trata de unos invisibles “presentes-ausentes”. El líder habla desde el centro de un enorme y vacío estadio, árboles jóvenes y susurrantes que han crecido en las derruidas graderías, parecen mecerse no por el viento sino por sus palabras. El escenario es real. Se trata del hoy abandonado Stadionu Dziesieciolecia de Varsovia, construido en 1954 con los escombros del alzamiento de 1944. Es un complejo y polivalente símbolo del reciente pasado comunista. No hay duda que la secuencia tiene como marco la disputa local sobre que hacer con del patrimonio polaco, siempre entre la demolición y la rehabilitación, el olvido y la anamnesis. El líder exclama:

“Zydzi! Rodaków! Ludzie! Luuuudzie!

Wróc do Polska, do swojego kraju! “

“¡Judíos! ¡Compatriotas! ¡Gente! ¡Geeeente!

¡Volved a Polonia, tu país!”.

Simplemente te eriza los pelos. La israelí Bartana propone jugar a una versión diferente de la historia, la fantasía de una historia distinta, la ucronía. Curioso, análogo a la novela ucrónica de Michel Chabón El sindicato de policía Yiddish (2007), la puesta en escena, el discurso son muy realistas, pero las imágenes y las palabras llegan a los oídos como fantasmagoría pura.

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pensamiento judío europeo moderno: Cohen y Levinas y más allá

Hacer investigación sobre el pensamiento judío europeo del siglo XX es siempre un espacio fascinante. A diferencia de otras líneas en la historia de las ideas, examinar la reflexión judeo-europea significa reconocer la conjugación de tres campos: La filosofía europea; la moderna experiencia judía y la conexión de ambas en contextos europeos, como el francés o alemán o, en contextos ultra continentales como América del Norte, Israel o América Latina.

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Una investigación relevante

Dentro y fuera del campo de los estudios judíos, se aprecia cada vez más interés en el diseño textual de las tradiciones judías, en las biografías de sus intelectuales, como asimismo de los movimientos religiosos, éticos y políticos que le han dado vida. Al mismo tiempo, los estudios judíos reconocen hoy el valor de examinar los fenómenos intelectuales judíos dentro de su contexto nacional o culturale, como por ejemplo, insertando la investigación como parte de la fenomenología de Edmund Husserl, la radical hermenéutica de Martin Heidegger o alguna perspectiva estructuralista. Este reconocimiento mutuo de poner en relieve la búsqueda de una perspectiva judía contemporánea en política y ética, se ejecuta mediante la presentación de revisiones críticas de los textos de los principales pensadores judíos continentales. Se entiende que el estudio de estos pensadores tradicionales y modernos ayuda a explorar el enlace actual entre la reflexión sobre la moralidad social y la practica de la experiencia política.

Si tuviésemos que identificar sobre que columnas se sostiene este edificio que es le pensamiento judío europeo contemporáneo, hay consenso entre la numerosa y entusiasta pléyade de investigadores, que las cuestiones exploradas por Emmanuel Levinas y Hermann Cohen sobre filosofía y ética, pueden ser consideradas las más principales y veneras. Y es que para un siglo que se pronostica de gran movilidad migratoria y con nuevas asimetrías, Cohen, hijo de la emancipación judía, heredero de la haskalá y la Alemania Guillermina, es de particular interés. Entre otras cosas, es clave su idea sobre el “amor de vecino” (Ahavat ha Re’a). Se trata de un viejo hebraísmo que fue expuesto por primera vez

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Naomi Klein o el sueño de ser leído (y entendido) por millones


Hacía varios años que no visitaba “La Morada”, la casa del feminismo chileno. La oportunidad fue asistir a la última presentación pública del más reciente best seller de Naomi Klein: La Doctrina del Shock. A pesar de mis dudas iniciales, valió la pena.

El periplo de Klein en Santiago fue intenso, venía de ser la estrella de la Feria el Libro de Buenos Aires y el día anterior había estado en el Salón de Honor de la Universidad de Chile donde fue seguida con atención por buena parte del red-set criollo. En la tradicional casona feminista de calle Purísima se agolpó una interesante mezcla de público, desde el ‘progre’ crítico hasta jóvenes globalofóbicos en búsqueda de respuestas. Esto últimos la convirtieron ipso facto en icono y nueva cicerone antiimperialista, a pesar de su explicito rechazo a ser considerada una “gurú”

¿Pero que es lo que seduce de ‘la Klein’? como la llamó un embelesado Pancho Huneeus. Bueno, varias cosas: Primero –huelga decirlo- que es joven, buenamoza, y cuida de su cabello. Luego porque ha sido capaz de convertir sus ideas de crítica radical al sistema, en un best seller al alcance y entendimiento de cualquier hijo de vecino.

Lo que pasa (y es imprescindible que lo aprecien por si mismos) es que la difusión de su idea la hace a través de un breve documental (ganador de numerosos premios) disponible en internet, convirtiendo así, a los maître pensée estructuralistas franceses en unos inleíbles mamotretos, a los seguidores del postmodernismo benjamin-derrideano en unos insufribles derrotistas y las iterativas letanías de Chomsky y Said en enmaraña erudición lingüista.

Es que La Doctrina del Schock es en sí mismo “documental/website/sala de ventas”. Es la επιφάνεια [epifanía] del marketing y el brading del estratégico y helénico Oscar Saavedra, el sueño de la difusión hypermoderme del rizomático Álvaro Cuadra y la excelsitud de un buen C.C.C. + Trading (Concepto central creativo) del televisivo profesor Usach, Daniel de la Fuente.

No hay duda, Naomi klein se convirtió en la sepulturera del Intelectual orgánico (sí quedaba alguno por ahí pataleando) y el azote del tecnoburócrata prógre. Hasta el sibilino El Mercurio le dedicó dos planas completas en su edición dominical. Su documental reproducido cientos de miles de veces en Youtube, es el adiós de los estudiantes de pregrado para el marcusiano Eros and Thanatos, el enrevesado Sein und Zeit heideggeriano y la monumental The Theory of Communicative Action habermasiana ¿Quien tiene tiempo hoy para leerlos? A llegado el tiempo de The Shock Doctrine, que entrega “el concepto” en sólo siete minutos, con relato, música, imágenes… ¡Y gratis!.

Se trata de uno de los mejores procesos de creación de valor de una marca (brand equity) mediante la administración estratégica del conjunto total de activos y pasivos vinculados en forma directa o indirecta al nombre y/o símbolo. En este caso, una idea: “cuándo las sociedades están en shock es el momento de aplicar reformas estructurales porque la reacción es insignificante” y “el Chile de Pinochet y Sergio de Castro fue el primer lugar dónde se probó esta doctrina”, que denomina “capitalismo del desastre”.

¿Críticas? Por supuesto, siendo rigurosos su tesis hace agua por varios lados. Demasiadas generalizaciones e inexactitudes. Para nosotros, mapochinos, es fácil advertir los pasos forzados sobre el caso chileno y el tiempo de Pinochet. Pero “la Klein” es transparente y reafirma que no desea hacer historia, ciencia política o sociología. La canadiense es fiel con su rol periodístico de “traducir” realidades y conceptos complejos a públicos amplios, sin pretensión de objetividad, sólo de veracidad. Si se prefiere, en términos bungueanos podría cumplir los tradicionales cuatro criterios de evaluación de una teoría: Apropiabilidad, validez (consistencia interna y externa), predicción y fundamentalmente valor heurístico y función comunicativa.

Por último, una apostilla que esclarece esta posición.

Lo que pasa es que ella y su marido, el también documentalista Avram (Avi) Lewis, son herederos y representantes de un mundo que es parte de la identidad de América del Norte pero que aquí en Chile es prácticamente desconocido: el horizonte de los Arbeiter Ring y su producción intelectual. Redes de conversación, amistad y activismo típicos de la ilustrada y anti-MacCartista (hoy anti-NeoCon) lefty norteamericana. El matrimonio Klein-Lewis es confluencia a su vez de enraizadas corrientes de “afinidad electiva” (Wahlverwandtschaft), me refiero al Yiddishkeith, el Labour Movement, la New Left y el revival religioso del Tikún Olam. Ideas que tienen un tímido correlato sudaca que se puede hallar básicamente en el ikufismo argentino (Yidisher Kultur Farband) y el Buenos Aires Idisch. Usé la weberiana palabreja porque incluye tanto las ideas como los afectos ‘tribales’ y Klein no escapa a ellos.

Klein es hija de un médico, activista contra la guerra de Vietnam y de Bonnie Sherr Klein, documentalista feminaria. Es también nieta de un sindicalista del movimiento obrero, y hermana del director del Canadian Centre for Policy Alternatives. Avi es nieto de Moshe Losz (Lewis) un aguerrido bundista polaco radicado en Montreal en los 20’s. En síntesis, ella es en sí misma resultado de la historia industrial y política de las urbes de la zona de los Grandes Lagos y la Costa Este. Naomi Klein es a la vez; producto, víctima y usuaria, látigo y vergajo del capitalismo avanzado y los mass media.

Zeek y Jewcy, dos webs unidas para ‘dar más jugo’

logo jewcy/zeekUna buena noticia para el mundo judío que piensa. Zeek, la revista judía de pensamiento y cultura contemporánea se asoció con Jewcy. La nueva casa está aquí.

Rachel Barenblat una de las editoras de Zeek, joven escritora y estudiante de rabinato advierte que no se trata de una fusión, es “una empresa conjunta”. Jewcy busca ser un hosting para la publicación en red de sitios editoriales para “lectores jóvenes y culturalmente omnívoros en búsqueda de sentidos y comunidad” y Zeek desea más lectores y una presencia sólida y flexible en internet. Se trata de un win-win porque la debilidad de Jewcy eran la ausencia de contenidos más académicos y la traba para Zeek era un diseño con pocas posibilidades de interacción y “aislado”. Con todo, los archivos de Zeek 2002-2007 siguen alojados en el antiguo dominio, y van a permanecer allí. Pero el nuevo material se publicará ahora en jewcy.com / Zeek. La revista mantendrá su independencia editorial y continuará con la publicación de la versión impresa. El último número (120 páginas) de marzo pasado es una antología del espacio ruso-judío sobre arte, ficción y

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‘Política judía, cultura judía’: El marxismo yankee

Leer a Louis Proyect es toda una experiencia. Se trata un personaje del marxismo gringo, una suerte de Andree Jouffé recargado o Herman Schiller sin tragedia. Informático de la Universidad de Columbia ha dedicado toda su vida al activismo político. Es conocido por ser fundador de Marxmail, el sitio de conversaciones heredero directo de la primera lista de correos sobre marxismo en Internet (colectivo Cucaracha, julio 1994). Como buen judío del ala yankee más izquierdista, atesora su militancia en el US Socialist Workers Party (SWP) durante los 70’s; el viaje de rigor a la Nicaragua sandinista en los 80’s y, el activismo por la justicia social en la Sudáfrica post apartheid. Entre sus hobbies incluye el trote, bicicleta, ajedrez y escuchar música y escribir sobre todo, incluso cine chileno.

Su activismo comenzó en el movimiento trotskista americano en 1967 con ocasión de su maestría en la New School University (NY). Sin embargo, “pronto y a pesar de mi profundo respeto por León Trotsky como pensador marxista” ve al trotskismo norteamericano como un error sectario. En los años ochenta, como tantos, fue activo en el movimiento de solidaridad con América Central y en CISPES, una ONG que envió programadores informáticos y otros profesionales cualificados a colaborar con el gobierno del Frente Sandinista. El proyecto se extendió al sur de África y significó una potente experiencia de colaboración con el Congreso Nacional Africano y la mítica SWAPO angoleña. La era de Internet le permitió crear el ya clásico foro marxista y una multitud de otras iniciativas como la puesta en línea de The American Socialist, una revista sobre trotskismo disidente de la década del 50’, y la creación de un pequeño archivo con los escritos de James M. Blaut (1927-2000), geógrafo y antropólogo además de intelectual y revolucionario.

Así es Louis Proyect, incorregible, porfiado, punzante. Su mundo es a veces simplista pues parece dividirse entre el bando de los opresores y el bando de los oprimidos; otras veces es complejo y gusta de hacer rabiar a los creyentes en el eslogan “otro mundo es posible”. He traducido libremente un texto suyo escrito hace exactamente diez años. Antes de la caída de las torres gemelas, de Camp David 2 y la Segunda Intifada. Del tiempo cuándo los palestinos-israelíes aún se definían como árabes-israelíes, el ídisch no estaba de moda, y no se confundía hasbará con identidad. Antes de trastocarse la calle judía, de vigías críticos de Beilin y Rabó a gruppies embobados por Rahola y Perednik… Prácticamente, antes de todo. Escrito con un estilo vibrante,

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Bachelet en China: En búsqueda de asegurar la demanda cuprífera para sus exportaciones.

La presidenta Bachelet arribó hoy a Beijing con el objetivo de afianzar una serie de proyectos comerciales. China tiene el primer lugar como destino de las exportaciones chilenas al mundo. El 60% de esas exportaciones corresponde a un sólo commoditie, el cobre, que alcanzó este jueves su precio más alto en la historia. Las razones de este elevado precio en medio de una economía global desacelerada y su proyección a mediano plazo en las siguientes líneas.

Jorge Zeballos S.

El viaje a China y la cita al Foro Económico de Bao no se trata de un viaje más para el gobierno de Michelle Bachelet pues con el gigante asiático las exportaciones pasaron de US$965,6 millones el año 2000 a US$9.950,4 millones el 2007, es decir, un aumento de 931%. Como explicara el lunes pasado el presidente ejecutivo Codelco, José Pablo Arellano: “Hoy día China representa la cuarta parte del consumo mundial de cobre y prácticamente toda la expansión de la demanda desde 2000 hasta hoy se explica por el aumento de la demanda en China”.

Es que para nadie es un misterio los cambios que vive la sociedad china, con sus desafíos y tensiones. Y ante tal panorama la política exterior chilena ha tomado una posición clara, la de socio económico y político del liderazgo chino. El apoyo chileno a “una sola China” no es una frase neutra, significa reconocer la unidad china frente a las pretensiones separatistas de sectores de Taiwan y Tibet. Más allá de las observaciones y criticas a situaciones complejas, como el caso tibetano, la apuesta chilena busca consolidar su vinculación en la expansión del mercado mundial del metal rojo, que se explica por el desarrollo de China, y sobre el cual las evaluaciones positivas se mantienen hasta el año 2020, cuando 400 millones de chinos saldrán de zonas rurales para ir a vivir a ciudades.

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Superávit fiscal del 1% al 0.5%: razones y desafíos.

Cunial (92% Cu; 6% Ni; 2% Al)Luego de seis años de funcionamiento, la “Meta de Superávit” igual a 1% del PIB fue modificada a 0,5%. ¿Cuales fueron las razones que comprometió al estado chileno a optar por un estricto superávit? ¿Que resultados tuvo esa política? ¿Que llevó a modificarlo? Y en especial ¿Cuales son los desafíos que deberá enfrentar esta reducción? son algunas de las cuestiones que esclarece el siguiente artículo.

Desde el año 2001 el fundamento de la Política Fiscal en Chile se basa en el concepto de Balance Estructural (BE), un índice que escapa de la coyuntura y muestra la situación del Fisco a mediano plazo. El BE es resultado -como explica Alberto Arenas de Mesa, director de presupuestos

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