Isidoro y Wladimiro Lifschitz hace 88 años estos niños nos interpelan

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Revisando una revista de 1926 tropiezo con una foto de los hermanos Isidoro y Wladimiro Lifschitz. El retrato aparece en Nosotros, la seminal publicación de la juventud judía y el yishuv chileno redactada por un jovencísimo Natalio Berman y un par de amigos de Valparaiso.

En la fotografía los hermanos son aún párvulos y viven en Valparaíso. La postura rígida no aplaca la energía de sus miradas. Conociendo sus trayectorías futuras, el hallazgo me parece relevador de sus personalidades. Como si desde entonces ellos inquiriesen o se pregunten por lo que hay plus ultra el salón fotográfico.

Isidoro y Wladimiro visten traje marinero, sombreritos, medias y zapatos blancos de rigor. Es obvio que desconocen que años después serán protagonistas de su tiempo: radiólogo uno; psiquiatra el otro. Todo el quehacer humano no les será indiferente y conservarán siempre las מענטשלעכקייט o mentshlekhkeyt toda su vida o propiedades que te hacen un mentsch.

Es el año en que la Compañía Salitrera Anglo Chilena funda la salitrera María Elena. Espíritu de otra época, el diseño de la oficina emula las líneas de la bandera del Reino Unido. Es coronado Reza Shah, se inaugura la Ruta 66 The Mother Road, Hemingway publica Fiesta y Lawrence de Arabia, Los siete pilares de la sabiduría. En realidad, los niños Lifchitz no saben que una época de cambios revolucionarios termina y otra terrible se inicia.

El niño Isidoro posa de frente, con sus brazos y manitos infantiles bien situadas parece plantarle cara al mundo. Wladimiro en actitud de duelista de esgrima, aparenta cierta perplejidad que no sabemos si es por el escenario, el fotografo o alguna otra cosa. Supongo que el joven Berman, editor y fotografo los ha escogido por la amistad y aprecio que le une a su padre. Los Lifschitz Salita son de una familia íntegra, y los chavales continuarán siéndolo cuándo se conviertan en campeones en la creación y defensa de un judaísmo laico, moderno y chileno. También lo será su hermana Sylvia que para la foto aún no ha nacido o tiene apenas meses.

Los niños de la fotografía cuando estén en sus veinte y tantos buscarán dar respuesta a las mismas interrogantes que hoy se hace mi generación. Preguntas que por ejemplo desarrolló Paula Calderón en su reciente conferencia sobre Ana Arendt , el pasado miércoles en la biblioteca pública del barrio Bellavista.

Y si bien las preguntas pueden ser las mismas, y hasta las respuestas analogas; la diferencia es que ellos contaron con muchas menos herramientas con las que tenemos hoy. Y sin dudar se dieron a la tarea permanente de poner en práctica la respuesta a la que suscribieron: El proyecto de articular una comunidad de amistad (Jáverschaft) que fuese capaz de fundir el compromiso político ‘aquí y ahora’ (‘Doykeit’) con su judeidad  (‘Yiddishkaith’). En suma, realizar en Chile el ideal ikufista sancionado en el Congreso de París de 1937.

A ese kreyz austral los Lifschitz y sus amigos le pusieron nombre: Centro Cultural Scholem Aleijem; al periódico que editaron le titularon Tribuna Judía, al círculo de lectura crítica feminista le llamaron Leynkrayz, al programa de radio, La hora Hebrea y al campamento de verano en Buenos Aires, Zumerland. Todo ello, sin olvidar sus obligaciones en sus respectivos núcleos militantes.

Pero en la foto aún es 1926 y el puerto de Valparaíso se acomoda ante la apertura del Canal de Panamá. El Presidente Figueroa cree ingenuamente que puede zafar las turbulencias y controlar al general Carlos Ibáñez, que es aún su ministro de Defensa. Es el año en que la mujer obtiene el derecho a voto; pero solo en municipales, año en que Victor y Vera, los padres padre de los niños no dejan de analizar el pais en el que se han asentado, pero  en clave Yidisher Arbeter Bund.

Insisto, es 1926, y la foto de estudio es mucho antes mucho de su amistad con los hijos de otros bundistas y linke-poaleitzionim, como las y los Krasniansky, Schapira, Volosky, Brodsky Pilovsky y Mendvinsky. Los hermanos llevan pantalones cortos aún no entran al Liceo Nro. 1 de Valparaiso; pero otros jovenes un poco mayores que ellos, recién ingresados a la universidad como Natalio Berman, Daniel Schweitzer, y Vicuña y otros ya discuten hacer una rebelión universitaria, romper con el viejo orden y darle todo el poder a los jovenes o a los soviets. Todo en el espíritu de Córdoba 1918 y su seminal Manifiesto Liminar.

Y aunque 88 años me separan de ese instante, ver a Isidoro y Wladimiro en las paginas de Nosotros, me conmueve. ¿Quién podría pensar que esos niños serán luego los moceríos que no quedarán impasibles ante la cuestión social, inaugurando policlínicas y asistencias jurídicas?. Que serán los mismo jóvenes que resistirán el auge de los totalitarismos; que sostendrán la solidaridad con la España fiel y las Brigadas. Los mismos que vivirán la épica del Frente Popular, organizaran la articulación antifascista, vibrarán con Stalingrado y La Orquesta Roja, y rehilaran con  Varsovia e Hiroshima.

Serán ellos los de la Alianza de los Intelectuales, los del teatro ídisch, del grupo Avance, los que insistieron en el Vaad de hablar de Emantzipatzia veJinuj y mantener el yiddish. Serán también los adultos que no buscaran respuestas fáciles  para lo de Suez y Nasser, para Cuba y los misiles, Argelia y la tortura, el comunismo y el XX Congreso del PCUS. Pero es 1926 y aún son sólo dos niños ante un camarógrafo amateur y aún no conocen a Ravines, Allende, Neruda, Zorrilla y Corbalán; es en definitiva antes del Frap, antes de la UP, y taambién antes de su exoneración, antes del exilio.

Es 1926 y Natalio Berman, la centelleante promesa de la kehilá, el hijo Isaías y Clara, el hermano de Luisa, el vigoroso estudiante de medicina —casi por intuición o profecía secular— confía en ellos. Los presenta en la revista que redacta, parece querer decir ¡Feh! Atención Santiago, prepárense, que los hermanos Lifschitz están al aguaite.

Los ojos de Isidoro y Wladimiro parecen hablar ¿Qué dicen? Al igual que el lente que desafían, parecen ansiosos de comerse al mundo. En mi impresión, contemplar sus ojos y a partir de allí hacer retrospectiva de su tiempo es renovar el compromiso del here-ness, o el andar ‘con los ojos en la calle’ como describe Paloma Baytelman.

Isidoro, Wladimiro y también Silvia, el ángel de la historia que describe Walter Benjamin les depara tragedias y alegrías. Yo lo sé; ellos no, me gustaría advertirles, avisarles que se preparen, sugerirles que hagan esto, insinuar que innoven en esto otro; pero no se puede. El carro de la historia judía-chilena se volverá vertiginoso en 1926, sin embargo, me conforta saber que ellos lo condujeron por un rato.

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el juego de la “geografía judía”

The Jewish Childrens Museum, Brooklyn, Nu Yorker.
The Jewish Children's Museum, Brooklyn, Nu Yorker.

Alguna vez, todos hemos jugado el juego de la “geografía judía” -usted sabe- el típico interrogatorio a quien sólo ha conocido recién con el fin de descubrir las conexiones judías comunes, de amistad, familiares o incluso biográficas. Es que el horizonte judío permite la posibilidad de practicar tan curiosa costumbre. Claro que en algunas ocasiones, producto del entusiasmo nos puede dejar luego con la sensación de “meter la pata”. Pero en general se aprecia un gusto en trazar nuestras experiencias, en delinear una especie de topografía judía de interconexión, sobre los orígenes y las historias de una lejana mishpajá (familia) centroeuropea o mediterránea.

De alguna manera siento una sensación de profunda satisfacción cuando descubro un inesperado vínculo con un extraño. A mi juicio no se debe despreciar tal sentimiento de comunión. Se le debe mirar como una suerte de don no divino, aunque tenga un efecto casi mágico de comunión con el denso tejido del tapiz de la vida judía -o al menos- con esa persona o lugar que contribuye a tejer ese tapiz.

Conozco a una fotógrafa, también escritora que se dedica a estudiar este fenómeno; ella es Ruth Gruber Lleva casi 20 años observando la evolución cultural judía contemporánea. Ruth acuñó el término “Virtualmente judío” para describir la forma en que el llamado “espacio judío” en Europa es a menudo ocupado por no-judíos como explica en su libro Herencia Judía: Una Guía de Europa oriental, (2007).

Pero es el reciente “Topografías judías: Visiones de espacio, tradiciones de lugar” (Editorial Ashgate, 2008) quien me ha dado un espaldarazo en mi visión del juego de la “geografía judía” y del “habitar heideggeriano” que conociera gracias al arquitecto Aron Rozenbaum. Se trata de una colección de ensayos de una veintena de académicos internacionales que participaron de una investigación de seis años de la Universidad de Potsdam, Alemania.

Ellos proponen un nuevo campo de estudio: Makom, o “lugar” en hebreo, a cualquier proyecto destinado a estudiar la importancia del espacio y el lugar en la vida judía y la cultura. Se trata del mismo espacio la historiadora parisina diana Pito denomina simplemente “espacio judío”. Término que acuñó en el decenio de 1990 para describir el lugar que ocupan o habitan los judíos, en la propia cultura judía y asimismo el lugar de los judíos dentro de la memoria principal de la sociedad europea, independiente del tamaño o actividad de la población judía local. Ideas todas que desarrollamos hace unos tres años atrás con Franscesca Bucci (licenciada en arte), Valeria Navarro (historiadora) y Mauricio Tassara (estudiante rabinato) con ocasión de la posibilidad de venta y demolición de la sinagoga de la Comunidad Israelita de Santiago, situada en una céntrica calle santiaguina; como también el lugar que tiene en la vida no judía otra sinagoga, el Bikur Joilim, parte de la identidad de los actuales vecinos de un viejo barrio de inmigrantes de la capital donde se emplaza.

Koszmar, la pesadilla de polacos, chilenos y argentinos.

Mary Koszmary (La pesadilla de María) es una ucronía audiovisual de la artista Yael Bartana. Filmado en Varsovia está rodada en un plano único y dura sólo algunos minutos, pero la potencia de su imagen y guión dan cuenta de una nueva vía de examinar -sencilla y brutal a la vez- la contemporaneidad judía, la europea y más allá.

Jorge Zeballos Stepankowsky.

“¡Judíos, compatriotas… Vuelvan a Polonia, su país!” Exclama con sinceridad ‘el líder’ a una audiencia silente. Si eres judío o conoces la historia del judaísmo polaco te parecerá una afirmación extravagante. Es que el cortometraje Mary Koszmary (pesadilla, en polaco) dirigida por Yael Bartana, una israelí egresada de la Escuela Belzalel, arrebata los sentidos.

El guión es de los polacos Kinga Dunin y Slawomir Sierakowski, quien además personifica al líder. La trama se inicia con los primeros sones del himno nacional de Polonia. De pie sobre el pasto, a contrapicado un hombre joven -‘el líder’- declama la solución para la pesadillas que atacan su nación. En español suena como si se tratara de ‘La pesadilla de María’ (por extensión Polonia). Está vestido como tecnoburocrata, corbata roja, chaqueta de cuero, lentes. La alocución posee el rigor estético del realismo socialista pero lo que conmueve es la audiencia; se trata de unos invisibles “presentes-ausentes”. El líder habla desde el centro de un enorme y vacío estadio, árboles jóvenes y susurrantes que han crecido en las derruidas graderías, parecen mecerse no por el viento sino por sus palabras. El escenario es real. Se trata del hoy abandonado Stadionu Dziesieciolecia de Varsovia, construido en 1954 con los escombros del alzamiento de 1944. Es un complejo y polivalente símbolo del reciente pasado comunista. No hay duda que la secuencia tiene como marco la disputa local sobre que hacer con del patrimonio polaco, siempre entre la demolición y la rehabilitación, el olvido y la anamnesis. El líder exclama:

“Zydzi! Rodaków! Ludzie! Luuuudzie!

Wróc do Polska, do swojego kraju! “

“¡Judíos! ¡Compatriotas! ¡Gente! ¡Geeeente!

¡Volved a Polonia, tu país!”.

Simplemente te eriza los pelos. La israelí Bartana propone jugar a una versión diferente de la historia, la fantasía de una historia distinta, la ucronía. Curioso, análogo a la novela ucrónica de Michel Chabón El sindicato de policía Yiddish (2007), la puesta en escena, el discurso son muy realistas, pero las imágenes y las palabras llegan a los oídos como fantasmagoría pura.

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Cúsbara: el flash satírico de Israel

Si usted es de Israel, lo fue en algún momento de su vida, o simplemente está preocupado por la situación en Israel, debería visitar Cusbara (cilantro), un sitio web satírico que se especializa en las animaciones flash de los personajes de la contingencia. A modo de ejemplo, échele un vistazo a su canción sobre los últimos actos de corrupción en Israel Lamentablemente son tan ciertos, que usted estará obligado a reír, de otra manera no le quedaría más opción que llorar.

El creador de Cusbará es Miko Mottes, ilustrador especializado en animaciones digitales. Miko ha trabajado con algunos de los portales y empresas más grandes de Israel: Nana10, MTV-Israel, Ynet, NRG Maariv, Canal 1 IBA (Israel Broadcasting Authority) y muchos otros.

Lo recomiendo.

El Klezmer en la República Democrática Alemana (DDR)

En condiciones difíciles y siempre bajo sospecha, el klezmer y su base el yiddishkeit, logró sobrevivir e incluso prosperar bajo la atenta mirada de la stasi, el omnipresente servicio de inteligencia de la RDA. Cuándo cayó el muro de Berlín, los reunificados alemanes se volcaron a esta música que se cultivaba en Nueva York y Londres pero que de modo irrefutable les hablaba de sus propias raíces en el Este.

El contexto sociopolítico: la República Democrática Alemana

Después de la derrota alemana en 1945, la Unión Soviética ocupó las zonas del país menos industrializadas. Los grandes núcleos urbanos quedaron para Occidente. El 7 de Octubre 1949 se funda la RDA como respuesta a la fundación de RFA pocos meses antes. Aislada de Occidente y con el Ejército Rojo en el país, la RDA no tuvo otra opción que ser un estado satélite soviético. Pero no fue un estado cualquiera, desarrolló una potente y peculiar cultura en medio de un sistema ominoso. Ese país ya no existe, pero Occidente vive hoy una suerte de nostalgia, Ostalgie, por un mundo que conoció sólo desde la perspectiva del prejuicio y que hoy se re-visita.

La ardua vivencia judía en la Alemania comunista

La actividad demográfica judía en la RDA podría decirse que fue de un constante despoblamiento. Los escasos judíos que sobrevivieron la Shoah, pronto fueron impactadas por la división de Alemania y la construcción del Muro. Pero fue El Proceso Slansky (Praga, 1952), donde resultaron ejecutados doce dirigentes del Partido Comunista Checoslovaco inocentes, y que tuvo caracteres paranoicos (once eran judíos), demostraron a los judíos alemanes que lo mismo podría suceder en la República Democrática Alemana y no le importaría a nadie. Después de la Guerra de los Seis Días (1967) vino una respuesta antisemita por parte de la nomenklatura del SED (Die Sozialistsche Einheitspartei Deutschlands), el partido único de la RDA, que significó la huida de buena parte de los ciudadanos judíos del país. En el mismo sentido, ¡Que decir! del impacto y desamparo de los judíos del Este cuándo corrió la noticia de la revocación de la ciudadanía y expulsión de los judíos polacos en 1968. se trató de un proceso injurioso que incluyó -incluso- a comunistas que eran parte del apparatchik, a héroes de la talla de Leopold Trepper, voluntario en las Brigadas Internacionales en la España republicana y luego “Grand Chef”, líder de la red antinazi clandestina más grande de la Segunda Guerra conocida como La Orquesta Roja, o filósofos de renombre como

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