¿Qué es esta languidez, que penetra mi corazón?: Paul Verlaine en yiddish

 

 

“Le Juif Errant” escultura en Notre-Dame de Victor Pyanet. “Ces monstres qui guettent Paris”. La foto es de François Grunberg.

Llora mi corazón (II pleure dans mon coeur) es un conocido poema de Paul Verlaine, musicalizado, parafraseado, traducido en decenas de idiomas. Aquí Esther Goffstein se aventura con su traducción al yiddish ¿Como suena el llanto del corazón en la mameloshn? vealo a continuación.

Publicado por primera ves en Romances sans paroles, trata de una colección de poemas que evocan el paisaje interior, los sentimientos de melancolía, el mal du siécle. Quizás son la forma de expresar su desazón por la ruptura con su esposa, o su amigo Rimbaud, quizás sean simples bocetos de viaje. Como sea, la idea de Romance, destaca la musicalidad de su lectura, la rima que se repite al final de cada palabra. Hay una suerte de melodía en las palabras que se forma por la reanudación de las mismas palabras e incluso sonidos. Es el hechizo musical que se impone a la sensibilidad.

Esther Goffstein en 1997 buscó la forma de traducir el poema del celebre simbolista francés al yiddish, aquí el resultado:

Es khlipet in harts /     Il pleure dans mon coeur /                 Llora en mi corazón

Vi es dripet in shtot. / Comme il pleut sur la ville; / como llueve sobre la ciudad

Vos iz di shmakht /    Quelle est cette langueur /                 ¿Qué es esta languidez

Vos ikh fil in mayn harts? / Qui pénètre mon coeur ? /         que penetra en mi corazón?

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Koszmar, la pesadilla de polacos, chilenos y argentinos.

Mary Koszmary (La pesadilla de María) es una ucronía audiovisual de la artista Yael Bartana. Filmado en Varsovia está rodada en un plano único y dura sólo algunos minutos, pero la potencia de su imagen y guión dan cuenta de una nueva vía de examinar -sencilla y brutal a la vez- la contemporaneidad judía, la europea y más allá.

Jorge Zeballos Stepankowsky.

“¡Judíos, compatriotas… Vuelvan a Polonia, su país!” Exclama con sinceridad ‘el líder’ a una audiencia silente. Si eres judío o conoces la historia del judaísmo polaco te parecerá una afirmación extravagante. Es que el cortometraje Mary Koszmary (pesadilla, en polaco) dirigida por Yael Bartana, una israelí egresada de la Escuela Belzalel, arrebata los sentidos.

El guión es de los polacos Kinga Dunin y Slawomir Sierakowski, quien además personifica al líder. La trama se inicia con los primeros sones del himno nacional de Polonia. De pie sobre el pasto, a contrapicado un hombre joven -‘el líder’- declama la solución para la pesadillas que atacan su nación. En español suena como si se tratara de ‘La pesadilla de María’ (por extensión Polonia). Está vestido como tecnoburocrata, corbata roja, chaqueta de cuero, lentes. La alocución posee el rigor estético del realismo socialista pero lo que conmueve es la audiencia; se trata de unos invisibles “presentes-ausentes”. El líder habla desde el centro de un enorme y vacío estadio, árboles jóvenes y susurrantes que han crecido en las derruidas graderías, parecen mecerse no por el viento sino por sus palabras. El escenario es real. Se trata del hoy abandonado Stadionu Dziesieciolecia de Varsovia, construido en 1954 con los escombros del alzamiento de 1944. Es un complejo y polivalente símbolo del reciente pasado comunista. No hay duda que la secuencia tiene como marco la disputa local sobre que hacer con del patrimonio polaco, siempre entre la demolición y la rehabilitación, el olvido y la anamnesis. El líder exclama:

“Zydzi! Rodaków! Ludzie! Luuuudzie!

Wróc do Polska, do swojego kraju! “

“¡Judíos! ¡Compatriotas! ¡Gente! ¡Geeeente!

¡Volved a Polonia, tu país!”.

Simplemente te eriza los pelos. La israelí Bartana propone jugar a una versión diferente de la historia, la fantasía de una historia distinta, la ucronía. Curioso, análogo a la novela ucrónica de Michel Chabón El sindicato de policía Yiddish (2007), la puesta en escena, el discurso son muy realistas, pero las imágenes y las palabras llegan a los oídos como fantasmagoría pura.

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pensamiento judío europeo moderno: Cohen y Levinas y más allá

Hacer investigación sobre el pensamiento judío europeo del siglo XX es siempre un espacio fascinante. A diferencia de otras líneas en la historia de las ideas, examinar la reflexión judeo-europea significa reconocer la conjugación de tres campos: La filosofía europea; la moderna experiencia judía y la conexión de ambas en contextos europeos, como el francés o alemán o, en contextos ultra continentales como América del Norte, Israel o América Latina.

torah europea

Una investigación relevante

Dentro y fuera del campo de los estudios judíos, se aprecia cada vez más interés en el diseño textual de las tradiciones judías, en las biografías de sus intelectuales, como asimismo de los movimientos religiosos, éticos y políticos que le han dado vida. Al mismo tiempo, los estudios judíos reconocen hoy el valor de examinar los fenómenos intelectuales judíos dentro de su contexto nacional o culturale, como por ejemplo, insertando la investigación como parte de la fenomenología de Edmund Husserl, la radical hermenéutica de Martin Heidegger o alguna perspectiva estructuralista. Este reconocimiento mutuo de poner en relieve la búsqueda de una perspectiva judía contemporánea en política y ética, se ejecuta mediante la presentación de revisiones críticas de los textos de los principales pensadores judíos continentales. Se entiende que el estudio de estos pensadores tradicionales y modernos ayuda a explorar el enlace actual entre la reflexión sobre la moralidad social y la practica de la experiencia política.

Si tuviésemos que identificar sobre que columnas se sostiene este edificio que es le pensamiento judío europeo contemporáneo, hay consenso entre la numerosa y entusiasta pléyade de investigadores, que las cuestiones exploradas por Emmanuel Levinas y Hermann Cohen sobre filosofía y ética, pueden ser consideradas las más principales y veneras. Y es que para un siglo que se pronostica de gran movilidad migratoria y con nuevas asimetrías, Cohen, hijo de la emancipación judía, heredero de la haskalá y la Alemania Guillermina, es de particular interés. Entre otras cosas, es clave su idea sobre el “amor de vecino” (Ahavat ha Re’a). Se trata de un viejo hebraísmo que fue expuesto por primera vez

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Naomi Klein o el sueño de ser leído (y entendido) por millones


Hacía varios años que no visitaba “La Morada”, la casa del feminismo chileno. La oportunidad fue asistir a la última presentación pública del más reciente best seller de Naomi Klein: La Doctrina del Shock. A pesar de mis dudas iniciales, valió la pena.

El periplo de Klein en Santiago fue intenso, venía de ser la estrella de la Feria el Libro de Buenos Aires y el día anterior había estado en el Salón de Honor de la Universidad de Chile donde fue seguida con atención por buena parte del red-set criollo. En la tradicional casona feminista de calle Purísima se agolpó una interesante mezcla de público, desde el ‘progre’ crítico hasta jóvenes globalofóbicos en búsqueda de respuestas. Esto últimos la convirtieron ipso facto en icono y nueva cicerone antiimperialista, a pesar de su explicito rechazo a ser considerada una “gurú”

¿Pero que es lo que seduce de ‘la Klein’? como la llamó un embelesado Pancho Huneeus. Bueno, varias cosas: Primero –huelga decirlo- que es joven, buenamoza, y cuida de su cabello. Luego porque ha sido capaz de convertir sus ideas de crítica radical al sistema, en un best seller al alcance y entendimiento de cualquier hijo de vecino.

Lo que pasa (y es imprescindible que lo aprecien por si mismos) es que la difusión de su idea la hace a través de un breve documental (ganador de numerosos premios) disponible en internet, convirtiendo así, a los maître pensée estructuralistas franceses en unos inleíbles mamotretos, a los seguidores del postmodernismo benjamin-derrideano en unos insufribles derrotistas y las iterativas letanías de Chomsky y Said en enmaraña erudición lingüista.

Es que La Doctrina del Schock es en sí mismo “documental/website/sala de ventas”. Es la επιφάνεια [epifanía] del marketing y el brading del estratégico y helénico Oscar Saavedra, el sueño de la difusión hypermoderme del rizomático Álvaro Cuadra y la excelsitud de un buen C.C.C. + Trading (Concepto central creativo) del televisivo profesor Usach, Daniel de la Fuente.

No hay duda, Naomi klein se convirtió en la sepulturera del Intelectual orgánico (sí quedaba alguno por ahí pataleando) y el azote del tecnoburócrata prógre. Hasta el sibilino El Mercurio le dedicó dos planas completas en su edición dominical. Su documental reproducido cientos de miles de veces en Youtube, es el adiós de los estudiantes de pregrado para el marcusiano Eros and Thanatos, el enrevesado Sein und Zeit heideggeriano y la monumental The Theory of Communicative Action habermasiana ¿Quien tiene tiempo hoy para leerlos? A llegado el tiempo de The Shock Doctrine, que entrega “el concepto” en sólo siete minutos, con relato, música, imágenes… ¡Y gratis!.

Se trata de uno de los mejores procesos de creación de valor de una marca (brand equity) mediante la administración estratégica del conjunto total de activos y pasivos vinculados en forma directa o indirecta al nombre y/o símbolo. En este caso, una idea: “cuándo las sociedades están en shock es el momento de aplicar reformas estructurales porque la reacción es insignificante” y “el Chile de Pinochet y Sergio de Castro fue el primer lugar dónde se probó esta doctrina”, que denomina “capitalismo del desastre”.

¿Críticas? Por supuesto, siendo rigurosos su tesis hace agua por varios lados. Demasiadas generalizaciones e inexactitudes. Para nosotros, mapochinos, es fácil advertir los pasos forzados sobre el caso chileno y el tiempo de Pinochet. Pero “la Klein” es transparente y reafirma que no desea hacer historia, ciencia política o sociología. La canadiense es fiel con su rol periodístico de “traducir” realidades y conceptos complejos a públicos amplios, sin pretensión de objetividad, sólo de veracidad. Si se prefiere, en términos bungueanos podría cumplir los tradicionales cuatro criterios de evaluación de una teoría: Apropiabilidad, validez (consistencia interna y externa), predicción y fundamentalmente valor heurístico y función comunicativa.

Por último, una apostilla que esclarece esta posición.

Lo que pasa es que ella y su marido, el también documentalista Avram (Avi) Lewis, son herederos y representantes de un mundo que es parte de la identidad de América del Norte pero que aquí en Chile es prácticamente desconocido: el horizonte de los Arbeiter Ring y su producción intelectual. Redes de conversación, amistad y activismo típicos de la ilustrada y anti-MacCartista (hoy anti-NeoCon) lefty norteamericana. El matrimonio Klein-Lewis es confluencia a su vez de enraizadas corrientes de “afinidad electiva” (Wahlverwandtschaft), me refiero al Yiddishkeith, el Labour Movement, la New Left y el revival religioso del Tikún Olam. Ideas que tienen un tímido correlato sudaca que se puede hallar básicamente en el ikufismo argentino (Yidisher Kultur Farband) y el Buenos Aires Idisch. Usé la weberiana palabreja porque incluye tanto las ideas como los afectos ‘tribales’ y Klein no escapa a ellos.

Klein es hija de un médico, activista contra la guerra de Vietnam y de Bonnie Sherr Klein, documentalista feminaria. Es también nieta de un sindicalista del movimiento obrero, y hermana del director del Canadian Centre for Policy Alternatives. Avi es nieto de Moshe Losz (Lewis) un aguerrido bundista polaco radicado en Montreal en los 20’s. En síntesis, ella es en sí misma resultado de la historia industrial y política de las urbes de la zona de los Grandes Lagos y la Costa Este. Naomi Klein es a la vez; producto, víctima y usuaria, látigo y vergajo del capitalismo avanzado y los mass media.