El jazán Glantz: El hombre que hablaba con Dios

Unos neófitos músicos adolescentes de la zona poniente de Santiago que recien se adentran en la balkan y klezmer musik, me solicitan orientación sobre la jazanut, ósea el tradicional arte del canto litúrgico hebreo. ¡¿Que podría opinar?!. Una de mis grandes frustraciones es mi nula habilidad melódica. No canto, tampoco soy diestro con algún instrumento. Más aún, no soy religioso y mi contacto con la jazaniut se reduce a esporádicos espacios de liturgia. Pero la voz de Leib Glantz la tengo grabada de modo definitivo en mi memoria.

Portada del libro biográfico de Glantz

Hablar de jazanut es repasar recuerdos sonoros. Primero asoma una imborrable interpretación del dilecto amigo bonaerense Kike Greenberg con ocasión de un festival de jazanut en la -hoy demolida- sinagoga de calle Serrano. Las reseñas sobre Julius Rosenblatt, el bisabuelo de mi novia, cantor de la comunidad judía de Diepholz, que me permitió conocer el rol y status del jazán en un kal. Las explicaciones del rabino Roberto Feldmann cuándo exponía con entusiasmo las reglas y cánones del nusáj hatefilá.  Por supuesto, la excepcional escena final de una de las cumbres del cine yiddish, Der Vilner Shtot Khazn (El jazán de la ciudad de Vilna, 1939); ese momento cuando Yoel Duvid Strashunsky, un Vilner Balabesl, interpretado por el popular jazán y actor Moishe Oysher, que había salido en busca de fama y fortuna en la opera de Varsovia y tras un exitoso pero materialista periplo mundano, justo el día de Kipur, retorna (teshuvá) donde su padre, su mujer Jana y su comunidad de Vilna, para a caer fulminado de muerte luego de interpretar el Kol Nidré.

Pero de todas esas imágenes hay una que sobresale sobre las demás, se trata de la historia del “Hombre que hablaba con Dios”. Sí, así de simple. Se trata de la voz de Leib Glantz, quizá el más célebre cantor de la llamada época de oro de la jazanut, una historia con un final similar al del Vilner Balabesl, pero sin tragedia.

La edad de Oro de la Jazanut

El período entre las guerras se considera generalmente como la “Edad de Oro de la Jazanut”. Y en este espacio de tensión tanto Glantz como su colega Erik Contzius (que se especializó en la reforma alemana) son considerados como los últimos de los más grandes cantores y compositores que han vivido alguna vez. Los 20 y 30 es la época cuando legendarios jazaním como Zavel Kwartin, Gershon Sirota (el ‘Caruso judío’), Mordecai Hershman y Yossele Rosenblatt (‘el rey sin corona de la jazanut’) florecieron con sus Steiger (del alemán steigen o escalas), sus Scarbove Niggunim y Misinai-spiel. En pocas palabras, y aunque hoy esto parezca extravagante, estos hombres tenían la capacidad de hacer llorar a la gente. Su canto y rogativas a lo núminoso hacía temblar de pies a cabeza a sus feligreses, asunto que agradecían con el fervor o la indiferencia.

A propósito de fervor o indiferencia, un chiste judío: ante la pregunta que es una sinagoga, la respuesta dice: “Es el lugar donde se ‘vive’ para el rabino, un ‘honor’ para el gabai, un escenario operático para el jazán y un lugar para parlotear para la congregación.

Más allá de bromas, Leib Glantz contribuyó a profesionalizar el canto sinagogal de tal forma que los jazaním que hoy nos (o no) conmueven deben mucho de su forma a la labor de Glantz, porque no sólo fue intérprete sino además explorador, erudito y maestro de la música judía. Conocido como “el cantor del pueblo” Glantz es reconocido como un compositor brillante. Elie Wisel dijo de él “sus discos están llenos de pasión, belleza y nostalgia”.

En 2008 su hijo, un profesor de ciencia política lanzó un libro con ensayos y grabaciones realizadas por su padre, lo tituló “El hombre que habló con Dios”. Traduzco libremente un fragmento del ensayo “La esencia de la Jazanut” de 1958.

“La Jazanut no es sólo una profesión musical, no es sólo un oficio, es la sabiduría (Joj’má) La sabiduría en todos sus aspectos: La sabiduría, la comprensión y el conocimiento integral de la misión asignada al cantor consiste en demandas que no son necesariamente musicales. Un cantor es, sin duda, un cantante. Sin embargo, un cantante no es definitivamente un cantor, incluso cuando se realiza cantorial en una sinagoga. Un solista clásico, muy respetado por grandes directores de orquesta, puede ser un solista maravilloso, pero no es un cantor. El mejor cantante de ópera italiano, con el fin de sobresalir, no está obligado a tener conocimientos sobre el pueblo italiano, su historia, sus costumbres y su cultura. El cantor, por el contrario, debe ser un completo judío en espíritu y alma. Debe ser estudioso de la historia judía, la literatura judía antigua, la Torá escrita y oral, la Halajá (interpretación de las leyes de la tradición escrita) y los Midrashím (comentarios judíos sobre las Escrituras). Debe estar familiarizado con la literatura de la Edad Media, incluyendo su Pay’ta’nim (poetas) y Pi’yu’tím (poemas litúrgicos). Se debe estar familiarizado con la literatura hebrea moderna. Es la conciencia judía la base principal de la sabiduría de Jazanut, y sirve como el atributo principal en la misión del cantor.

Un segundo atributo, no es menos importante, es el estándar del cantor con la moralidad. Muchos cantantes y artistas conducen sus vidas en lo que a menudo se llama estilo de vida “bohemio”. Con frecuencia caen en el alcohol y el comportamiento social sin restricciones. Este tipo de estilo de vida no descalifica al artista secular. Sin embargo los cantores, como líderes de sus comunidades, se miden de acuerdo a su moral. Su comportamiento debe ser un modelo para el público. Un cantor no es un miembro de la comunidad, sino un ejemplo a seguir. Su canto debe ser originario de la santidad y la pureza.

Un tercer aspecto importante del Jazán es su credo (Ani Ma’a’min). Debe ser leal a su gente y sus valores sagrados. Su fe religiosa debe ser íntegra, ya que hay que creer en las palabras que está pronunciando, ya que se requiere de aquello para ser un intérprete de esos textos.

En definitiva un cantor es un actor principal. Él es el Baal Tefilá (dueño de la plegaria), el representante del minian, el sheliaj tzibur que lleva la plegaria de la comunidad más allá de lo terrestre. Como explicó el jazán Ariel Foigel en una entrevista para Anajnu “El Jazán profesional perfora la armonía de la indiferencia, conquista y crea inspiración para conectarse con D´s”. Precisamente eso hacía Glantz, al igual que Arnold Schoenberg (el gran compositor expresionista) aflojó los limites de la tonalidad tradicional y exploró nuevas formas de trabajar las 12 notas de la escala cromática.

Biografía de un hombre del siglo XX

En la ciudad de Kiev, al acabar el siglo XIX, en el seno de un hogar de cantores jasídicos nació Leib en 1898. Leibele como le apodaban tenía ocho años cuando apareció por primera vez en la sinagoga de su padre, también cantor. Por la ciudad se corrió la voz sobre un niño prodigio. Pronto su fama traspasó los límites de la judería de Besarabia y fue invitado a cantar por otras comunidades europeas. A llegar la adolescencia fue destinado como director del coro de la sinagoga en que servía su familia. Pronto el coro se caracterizó por proponer versiones complejas  de compositores tradicionales como Baruch Schor el jazán de Lemberg, Solomon Sultzer el ‘regenerador de la música cantorial’, el choirmeister de la Neue Synagoge de Berlín Louis Lewandowsky, Avraham Berkovitz Kalechnik de Kishivev, y Eliezer Mordecai Gerovitsch el reformador ruso, entre otros.

Su talento hizo que su familia aceptara su entrada al secular Conservatorio de Kiev, donde estudio piano en la escuela de música que abrió en la ciudad el pianista y compositor ucraniano Nikolai Appolonovich Tutkovski que venía de ser profesor del prestigioso Conservatorio de San Petersburgo.  Luego estuvo bajo la tutela de otro kieveño de mayor fama Reinhold Moritzovich Glière, jefe del conservatorio de la ciudad.

En esos años Glantz viajó en numerosas ocasiones como delegado del movimiento juvenil He’Chalutz a los congresos del movimiento sionista mundial. Y también fue editor jefe del periódico sionista Ard Un Arbeit.  Sin embargo en el verano 1926 debido su activismo y la creciente hostilidad de los rumanos hacia el sionismo en Besarabia, Glantz decide abandonar Europa del Este y concretizar su aliá a Palestina. Antes, viaja a Nueva York por un ofrecimiento para grabar sus primeras composiciones. Causa una gran impresión y acepta una posición de prestigio como cantor jefe en sinagoga Ohev Shalom.

A partir de ahí, su vida fue el estudio, las grabaciones y las giras, por Estados Unidos, América Latina, África, Europa Oriental y por supuesto Palestina. En 1936 Glantz se casa con Miriam Lipton, con la cual tuvo dos hijos, Kalman y Ezra. En 1942, la familia se mudó a Los Ángeles, California, donde Glantz trabajó durante cinco años como Rosh Cantor del Templo Sinaí

El enuncia sus ideas sobre el canto judío con ocasión de la lectura en 1948 ante los delegados de la “Primera Conferencia Anual de la Asamblea Cantores de América” sobre el tema: ¿Cómo los Nusjaot judíos (modos de oración) fueron creados. Sus ideas se consideraron un nuevo camino hacia el análisis de los modos de la oración judía antigua, el Nusáj. Glantz teorizó que hace muchos siglos el pueblo judío transformó en un largo proceso la escala griega pentatónica y los tetracordes griegos en una creación de combinaciones originales. Estos se convirtieron en las bases de la Cantilena de la Torá (Ta’amei Ha’Mikrah) y los modos de oración judía (Nusáj Ha’Tefilá.)

Glantz vivido en Israel durante los últimos diez años de su vida (1954-64). Le gustaba la interacción íntima con una congregación que fuese capaz de apreciar su interpretación de los textos, su adhesión a los modos antiguos de oración y sus innovaciones musicales.

El servicio de medianoche Midnight Selichot Service, compuesto por Leib Glantz, es considerado por muchos cantores y estudiosos como la obra más grande cantorial que haya sido publicada. Fue grabado en vivo por la radio Kol Israel en la sinagoga Tiferet Zvi. En 1959 fundó la Glantz el Instituto de Música Litúrgica Judía, y un nivel académico para la formación de jazaním, la Ha’Akademia Le’Jazanut.

Falleció sorpresivamente en 1964, según algunos con ocasión de una actuación.

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