Koszmar, la pesadilla de polacos, chilenos y argentinos.

Mary Koszmary (La pesadilla de María) es una ucronía audiovisual de la artista Yael Bartana. Filmado en Varsovia está rodada en un plano único y dura sólo algunos minutos, pero la potencia de su imagen y guión dan cuenta de una nueva vía de examinar -sencilla y brutal a la vez- la contemporaneidad judía, la europea y más allá.

Jorge Zeballos Stepankowsky.

“¡Judíos, compatriotas… Vuelvan a Polonia, su país!” Exclama con sinceridad ‘el líder’ a una audiencia silente. Si eres judío o conoces la historia del judaísmo polaco te parecerá una afirmación extravagante. Es que el cortometraje Mary Koszmary (pesadilla, en polaco) dirigida por Yael Bartana, una israelí egresada de la Escuela Belzalel, arrebata los sentidos.

El guión es de los polacos Kinga Dunin y Slawomir Sierakowski, quien además personifica al líder. La trama se inicia con los primeros sones del himno nacional de Polonia. De pie sobre el pasto, a contrapicado un hombre joven -‘el líder’- declama la solución para la pesadillas que atacan su nación. En español suena como si se tratara de ‘La pesadilla de María’ (por extensión Polonia). Está vestido como tecnoburocrata, corbata roja, chaqueta de cuero, lentes. La alocución posee el rigor estético del realismo socialista pero lo que conmueve es la audiencia; se trata de unos invisibles “presentes-ausentes”. El líder habla desde el centro de un enorme y vacío estadio, árboles jóvenes y susurrantes que han crecido en las derruidas graderías, parecen mecerse no por el viento sino por sus palabras. El escenario es real. Se trata del hoy abandonado Stadionu Dziesieciolecia de Varsovia, construido en 1954 con los escombros del alzamiento de 1944. Es un complejo y polivalente símbolo del reciente pasado comunista. No hay duda que la secuencia tiene como marco la disputa local sobre que hacer con del patrimonio polaco, siempre entre la demolición y la rehabilitación, el olvido y la anamnesis. El líder exclama:

“Zydzi! Rodaków! Ludzie! Luuuudzie!

Wróc do Polska, do swojego kraju! “

“¡Judíos! ¡Compatriotas! ¡Gente! ¡Geeeente!

¡Volved a Polonia, tu país!”.

Simplemente te eriza los pelos. La israelí Bartana propone jugar a una versión diferente de la historia, la fantasía de una historia distinta, la ucronía. Curioso, análogo a la novela ucrónica de Michel Chabón El sindicato de policía Yiddish (2007), la puesta en escena, el discurso son muy realistas, pero las imágenes y las palabras llegan a los oídos como fantasmagoría pura. Las palabras hablan acerca de un nuevo comienzo, de retorno y reconstrucción. Todo se aprecia irreal, incluso patético e imposible. Los gestos del líder son exagerados ¿Una caricatura? Las apelaciones, por ejemplo “Zydzi! Rodacy! Ludzie! Luuudzieee!!!!!” tienen un tono entrañable. La secuencia debería reconciliar pero ¡Oh paradoja!, perturba. La imagen tiene colores extraños ¿Se trata de un cuadro? ¿Acaso un futuro?. La teatralidad y los porfiados hechos nos dicen que la apelación a que “Polaków y Zidów, I bedziemy znowu razem” (vuelvan a estar juntos) para acabar con la pesadilla de María no sólo no es real sino que se trata de una quimera. Y constatar ese hecho es de suyo, terrible.

La milenaria alquimia de lo judío-polaco como innovador radical.

Mary Koszmary (2007, 10’30”) es una diégesis sobre lo que podría suceder y no sucedió. La pesadilla de una izquierda que podría ser inocente, pero no lo es; en especial después de la expulsión de los judíos en 1968, los sucesos de Kielce en 1946 o Jedwabne en 1941. El amargo sueño de una nación que podría haber trabajado su trauma en vez de fingir que no existe. Es una critica de polacos y judíos ante un estado del arte que aprecian como nociva situación de uniformidad y falta de ideas. ¿La razón? Para los guionistas, la socióloga Dunin y el actor Sierakowski quien es también editor de la revista “Krytyka Polityczna“, Polonia sufre de una exasperante monotonía isocronica a causa de la ausencia del “Otro” leviniano, o más pertinente: la ausencia en las tierras del Vistula del aprendizaje de la alternativa al orden.

María sufre de pesadillas sobre lo que guarda con cuidado y recelo durante el brillante día. Por las noches es enfrentada a la ausencia en Polonia del nonkonformizmu arquetípico, hoy ausente. Sobre esto se refirió en detalle Zygmunt Bauman ya en 1973. En La cultura como praxis desarrolla una idea menos uniforme sobre la noción de cultura, que se debe tanto “A la invención como a la preservación, a la discontinuidad como a la continuidad, a la novedad como a la tradición, a la rutina como a la ruptura de modelos, al seguimiento de las normas como a su superación, a lo único como a lo corriente, al cambio como a la monotonía de la reproducción, a lo inesperado como a lo predecible” (Bauman, 2002:22).

Para la reflexión judía en Chile, esta perspectiva aparece novedosa. Ya no es la minoría la que pide “su boleto de admisión a un mundo exento del estigma de la alteridad” como lo fue la ilusión asimilacionista (Bauman, 2006:145) sino todo lo contrario. En las antípodas de su predecesor (del tipo Wladyslaw Gomulka) el ahora “joven líder” es quien asume la obligación de recuperar el “material absorbido” (asimilado), destruido o expulsado pues ha asumido que es parte de él. Como observa Bauman en Modernidad y Holocausto (1992:68), la falta de la milenaria alquimia de lo judío-polaco (y cualquier Otro) como innovador radical es producto de la tarambana consolidación “que la idea de una alternativa al orden existente no es otro programa, sino el caos y la destrucción”.

La pesadilla es común en los cárpatos y Los Andes (Argentina)

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Traducir Koszmary al lenguaje latinoamericano no significa sólo una fábula lejana. El ejercicio de Bartana es más que una advertencia luego de un mal sueño, es una experiencia histórica real. A los pies de Los Andes, en Santiago de Chile, el Estadio Nacional (aquí escenas del 12 de marzo de 1990) causa de alegrías deportivas es también causa de pesadillas por la fiebre de homogeneizar lo diferente que consumió al continente. También lo son los dinamitados Hornos de Cal en Lonquén y la derrumbada Villa Grimaldi, en Argentina la ESMA (Escuela Superior de Mecánica de la Armada), el Club Atlético, El Campito, por nombrar algunos (CCD) Centros Clandestinos de Detención. Pasar a la escenografía austral es inevitable luego de ver Mary Koszmary. Se cae en cuenta que la asociación no sólo es pertinente sino coetánea con lo que ocurre en Polonia respecto a la cuestión del pasado reciente y las estrategias de conservación y representación de la memoria.

Excavación de ex Centro clandestino de detención Club Atlético, Paseo Colón 1200, Ciudad de Buenos Aires
Excavación de ex Centro clandestino de detención Club Atlético, Paseo Colón 1200, Ciudad de Buenos Aires

Cuándo el año 2006 un grupo de jóvenes académicos judeo-argentinos, exasperados ante la ausencia de un marco que diese cuenta de su quehacer y reflexión judía, decidieron formar un grupo de investigación. Coordinados por el sociólogo Adrián Krupnik, se pusieron un nombre: El grupo de Koshmar (pesadilla en ídisch). Así tituló en 1929 Pini Wald, carpintero y periodista, sus recuerdos respecto a los sucesos de 1919 en Buenos Aires, conocido como la Semana Trágica. ¿Qué significan entonces la experiencia del Koshmar porteño y la de su símil polaco? Representa una consonancia no casual por reivindicar en la modernidad, el derecho a rebasar la distinción entre orden y caos, la necesidad de retomar el principio de la subjetivización en un agotado estado nación como explica Laura Schenquer (también miembro de Koshmar), o como escribe Bauman, entre “Anarquía y ley, ciudadanos y homo sacer, pertenencia y exclusión, producto útil (osea, legítimo) y residuos” (Bauman, 2003:33)

La pesadilla es común en los Cárpatos y Los Andes (Chile)

A principios del 2008 la historiadora chilena Valeria Navarro (quien también adhiere al grupo de Koshmar) terminó su investigación sobre el liderazgo comunitario judío en Chile y Argentina durante el tiempo de las dictaduras militares (1973-1989 y 1916-1982 respectivamente). La última parte de la investigación indaga sobre las políticas de reparación desde las propias comunidades judías respecto a la reciente fractura de la memoria judía. De sus resultados se puede encadenar la “cuestión judía” en Chile y Argentina con la aproximación de Yael Bartana. Ambos tratan del problema, sobre el cual muchas personas son bien conscientes pero no atreven hacerlo comparecer como es la ausencia de una narrativa judía y no judía que incorpore al extrañado conforme a códigos actuales. En el mismo sentido la socióloga mexicana Deborah Roitman, hoy asentada en Chile, también ha escudriñado en las presencias y ausencias en los modos de identificación judía joven en América Latina.

Roitman y Navarro como antes el profesor Hernán Rodríguez Fisse, podrían coincidir fácilmente con la historiadora Krystyna Kersten (1931-2008) cuándo a propósito de las relaciones judeo-polacas en la postguerra ella escribió acerca de “una escasez de la lengua y aparato conceptual para historiar”. Reconocimiento análogo al que realiza Roman Zimand (1926-1992) cuándo explicaba que “No tenemos un lenguaje sobre el que poder hablar de los problemas polaco-judíos”. Más aún, “Se nos dice que no hay antisemitismo en Polonia y que jamás lo hubo; que acusar a los polacos de antisemitismo es obra de círculos hostiles a los polacos” (Michnik, 1993:62).

En ese sentido, en el corazón del proyecto polaco Koszmary, aparece la búsqueda de nuevos formatos para nominar lo que fluye como un mal sueño. Es también designio del bonaerense grupo de Koshmar y del varsoviano “REDakcja” (Redacción), espacio fundado el 2006 como extensión física la trimestral revista Krytyka Polityczna, como lugar que sirva como un foro de debate, presentaciones de arte, sociales y proyectos políticos. Para el caso de Chile la situación de “no tener nombre para nombrar” es aún más elocuente en su precariedad y orfandad. En el otoño del 2007 un pequeño grupo de jóvenes intelectuales judeo-chilenos, inspirados en la experiencia Koshmar-Argentina se dieron cita en el capitalino Parque de las Esculturas a orillas río Mapocho. La intención declarada era sistematizar sus reflexiones sobre la contemporaneidad judía de forma análoga a sus pares trasandinos. ¿El resultado? No pudieron consensuar siquiera un nombre para el grupo. Los chilenos cayeron en cuenta que no poseían una “palabra clave”, un concepto, una idea (que decir de “un lenguaje”) que diese cuenta de su vivencia.

Parque de las Esculturas, Providencia.

La anécdota anterior explicita la realidad de la kehilá chilena. Una comunidad que se afana y desvive por conjurar la asimilación pero sin apostar a la memoria local sobre su propio pasado inmediato. Para los chilenos y en particular los judío chilenos la amnesia institucionalizada podría ser su pesadilla. Pero ellos siquiera saben que están soñando. La imposibilidad o ignorancia crasa para reconocer cual es la pesadilla judeo-chilena, tal vez: “Se trate de una referencia al hecho que es imposible formular una visión coherente de la forma deseada de las relaciones con los fantasmas y los hijos asesinados” como dice una reseña de Mary Koszmary. Al parecer, en Santiago como en Varsovia “El discurso formal se usa normalmente para la presentación una visión positiva como una efectiva máscara”. El resultado no puede ser halagüeño, como en el discurso de Sławomir Sierakowski en el estadio en ruinas “El debate sobre el pasado polaco es una reclamación absurda, llena de buena voluntad, pero condenada al fracaso”. (Lysak, 2008)

La pregunta de Yael Bartana es pertinente para el judaísmo chileno y para el latinoamericano ¿Qué significa el grito de “el líder” llena de candidez ‘Polonia carece de tres millones de judíos’? ¿Se trata de una broma? ¿Una analogía? ¿Una comedia? ¿Se trata de un incentivo significativo para que los judíos regresen a Polonia? La invocación se hace a quienes ya no viven y también a los vivos que viven su vivencia en otros estados como el austral Chile. Extraña invocación, los que ya no viven no regresarán y los que viven, tienen su estado. La pregunta sigue abierta, ¿A quien interpela Sierakowski cuándo grita “¡Volved a Polonia, a su-nuestro país!”

Bibliografía

Bauman, Zygmunt. Modernidad y Holocausto. Ed. Fundación Kwartalnika Masada, 1992.

Bauman, Zygmunt. La cultura como praxis. Ed. Paidós, 2002.

Bauman, Zygmunt, Wasted Lives: Modernity and Its Outcasts 2003.

Bauman, Zygmunt. Modernidad y ambivalencia, Anthropos, 2006.

Lysak, Thomas. Thomas Lysak. “Apel w niefortunnych dekoracjach – o Marach koszmarach Yael Bartany” En, Obieg, revista del Centro de Arte Contemporáneo Castillo Ujazdowski. http://www.obieg.pl/cal2007/08021302.php

Michnik, Adam, La Segunda Revolución, Ed. Siglo XXI 1993.

Bojarska, Katarzyna. “I znów Polskę a nie wiosnę zobaczę” [Y de nuevo, Polonia no verá la primavera] En, Krytyka Polityczna. http://www.krytykapolityczna.pl/Poznan/KP-na-Zamku-Mary-Koszmary-z-udzialem-Grossa/menu-id-118.html

Ficha Técnica

Directora – Yael Bartana

Texto – Slawek Sierakowski y Kinga Dunin

Performance – Slawek Sierakowski

Productor – Naama Pyritz

Director de fotografía – Itai Neeman

Editores – Yael Bartana, Anat Solomon, Daniel Meir

Diseño de sonido – Daniel Meir

Apoyado por – Annet Gelink Gallery, Amsterdam y Fondo de Videoarte y Cine Experimental, Tel Aviv

Producido por – Hermes, París y Galería Fundación Foksal, Varsovia.

Krytyka Polityczna

ul. Chmielna 26 lok. 19, PL 00-020 Warsaw

tel. (+48 22) 828 11 66, e-mail: redakcja@krytykapolityczna.pl

Website: www.krytykapolityczna.pl

Equipo: Sławomir Sierakowski (presidente), Maciej Gdula, Dorota Głażewska (directora financiera), Piotr Marecki, Agata Szczęśniak.

5 comentarios en “Koszmar, la pesadilla de polacos, chilenos y argentinos.

  1. Tamaño pedazo de articulo.

    Como Raúl, no me imaginaba tal cantidad de conexiones de ideas, judíos, chilenos, polacos, patrimonio inmaterial, historia. Aquí se habla de todo y todos… y lo peor es que no conozco a nadie, pero me conmueve.

    Felicitaciones!, Patty

  2. Un post antiguo, pero que descubro ahora. Genial cruce de ideas. ¿Hay más sobre sierakovski y yael bartana?. Podrían actualizar esa área.

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