El Klezmer en la República Democrática Alemana (DDR)

En condiciones difíciles y siempre bajo sospecha, el klezmer y su base el yiddishkeit, logró sobrevivir e incluso prosperar bajo la atenta mirada de la stasi, el omnipresente servicio de inteligencia de la RDA. Cuándo cayó el muro de Berlín, los reunificados alemanes se volcaron a esta música que se cultivaba en Nueva York y Londres pero que de modo irrefutable les hablaba de sus propias raíces en el Este.

El contexto sociopolítico: la República Democrática Alemana

Después de la derrota alemana en 1945, la Unión Soviética ocupó las zonas del país menos industrializadas. Los grandes núcleos urbanos quedaron para Occidente. El 7 de Octubre 1949 se funda la RDA como respuesta a la fundación de RFA pocos meses antes. Aislada de Occidente y con el Ejército Rojo en el país, la RDA no tuvo otra opción que ser un estado satélite soviético. Pero no fue un estado cualquiera, desarrolló una potente y peculiar cultura en medio de un sistema ominoso. Ese país ya no existe, pero Occidente vive hoy una suerte de nostalgia, Ostalgie, por un mundo que conoció sólo desde la perspectiva del prejuicio y que hoy se re-visita.

La ardua vivencia judía en la Alemania comunista

La actividad demográfica judía en la RDA podría decirse que fue de un constante despoblamiento. Los escasos judíos que sobrevivieron la Shoah, pronto fueron impactadas por la división de Alemania y la construcción del Muro. Pero fue El Proceso Slansky (Praga, 1952), donde resultaron ejecutados doce dirigentes del Partido Comunista Checoslovaco inocentes, y que tuvo caracteres paranoicos (once eran judíos), demostraron a los judíos alemanes que lo mismo podría suceder en la República Democrática Alemana y no le importaría a nadie. Después de la Guerra de los Seis Días (1967) vino una respuesta antisemita por parte de la nomenklatura del SED (Die Sozialistsche Einheitspartei Deutschlands), el partido único de la RDA, que significó la huida de buena parte de los ciudadanos judíos del país. En el mismo sentido, ¡Que decir! del impacto y desamparo de los judíos del Este cuándo corrió la noticia de la revocación de la ciudadanía y expulsión de los judíos polacos en 1968. se trató de un proceso injurioso que incluyó -incluso- a comunistas que eran parte del apparatchik, a héroes de la talla de Leopold Trepper, voluntario en las Brigadas Internacionales en la España republicana y luego “Grand Chef”, líder de la red antinazi clandestina más grande de la Segunda Guerra conocida como La Orquesta Roja, o filósofos de renombre como Zigmund Bauman.

Es que nada es simple cuándo se trata de los judíos bajo la órbita soviética, por ejemplo la enseñanza del Holocausto en las escuelas de la RDA, ha tenido que ser estudiado con cuidado, como en el ensayo de Frank Keilhack (2004) “Der Umgang mit Juden und Holocaust in der SBZ / DDR 1945-1989”. Igual cosa ocurre con el caso que documentalizó Jörg Monschau, sobre la recepción del Mercader de Venecia en el teatro de la RFA y la RDA 1945-1989 (2007). Sobre este tema recomiendo la lectura la investigación online de Konrad Weiss (2006) Antisemitismus und Israelfeindschaft in der DDR.

Cantando en idisch entre la Stasi y Aktuelle Kamera

A pesar de todo eso, existió en la RDA una vida cultural judía oficial (hay una reseña en este paper en alemán). En general, fue protegida por la Comunidad judía del Gran Berlín y la Verbandes der Jüdischen Gemeinden in der DDR (Federación de Comunidades Judías de la RDA). El paradigma de esta época fue la cantante Lin Jaldati. Activista comunista, es conocida también por ser la última persona en ver con vida Anne Frank, en Bergen-Belsen, y fue la única entre cinco miembros de su familia que sobrevivió a la deportación del campo de Westerbork a Auschwitz. Luego de la liberación reunificó los jalones de su familia en la RDA, cantó en canciones en idisch -que había aprendido en el Campo- ante un público alemán en la RDA. Lin Jaldati siempre estuvo dispuesta a realizar su arte al servicio de la nomenklatura de la RDA. Su calidez, el poder de evocar de su timbre y ritmo como su honestidad hizo que fuese escuchada y seguida mediante la radiodifusión por una audiencia fiel más allá de los actos oficiales. Durante largo tiempo fue acompañada en piano por su marido, Eberhard Rebling a quien conoció en los 30’ mientras activaba en el movimiento solidaridad con la España Republicana. Con el tiempo se sumaron sus dos hijas, Katinka y Jalda. Después de la Guerra de los Seis Días, pasaron muchos años de prohibición y sospecha para todo lo “judío” bajo la acusación de “incitar la simpatía hacia Israel”. En 1982 grabó con la Martin Hoffmann Orchestra y viajó algunas veces fuera de la RDA como el Zurich Iddish Folk Festival 1984, editado en 2004. Su actuación es considerada un clásico, en todos los sentidos del término, caracterizado por un enorme respeto a la poesía, drama, melodía, armonía, ritmo, risas y lágrimas inherentes al género idischista. Jaldati y su familia fueron los únicos intérpretes de canciones en idisch en la RDA.

Con todo, en los 70’s y lentamente, un pequeño grupo de personas realizó literatura idisch y también música, por ejemplo Wolf Biermann (1936- ), un conocido cantautor y disidente que le fue cancelada su ciudadanía en 1976. En los años 80 se podía apreciar ya una escena propia y una generación más joven que perseveró en esta disciplina.

Por dar algunos ejemplo, El poeta Juergen Rennert que exploró los rastros de la cultura alemana y el odio humano en lengua idisch se convirtió en uno de los mejores poetas alemanes en esa lengua. Entre otras cosas, tradujo a Scholem Aleijem, Mark Rasumny y al poeta y dramaturgo del teatro idisch de Bucarest, el rumano Israel Bercovici. Rennert fue co-fundador, junto con Jalda Rebling en 1987 (Berlín Oriental) del “Día de la cultura yiddish”, evento que tuvo importante influencia en el impulso para reconstruir la cultura judía alemana contemporánea.

Ilona Schlott en Leipzig, tenía un programa de canciones en idisch. Dieter Pichowski de Magdeburgo, fue un jazán (cantante liturgico) que trabajó principalmente temas religiosos. En Leipzig hubo durante la RDA una sinagoga activa y un coro, el Leipziger Synagogalchor, cuyos miembros eran todos nichtjüdisch. En la misma ciudad, Hubert Witt, tradujo del idisch en 1978 la colección “Der Fiedler vom Getto“.

Desde comienzos de los años ochenta un lugar destacado en la escena cultural de la RDA lo ocupa el berlinés Karsten Troyke (1960- ) y sus canciones en idisch. Troyke aprendió idisch y ha resultado ser el mentor de toda una serie de cantantes originarios de Berlín Oriental.

En 1984, el trío llamado Aufwind, empezó a hacer de las canciones en idisch el foco principal en su instrumentación y presentación. En 1988 el trío original de Claudia Koch, Hardy Reich y Andreas Rohde se ve reforzado con la incorporación de un clarinetista y un bajista, transformándose así en el primer ensamble Klezmer de Alemania del Este después de la guerra. Su trabajo no fue fácil. Era complicado obtener material, las fuentes occidentales y en especial de Estados Unidos no estaba disponible, aunque mantuvieron contacto con el klezmerista Manfred Lemm. Como la ruta hacía Occidente estaba cerrada, Aufwind dirigió su mirada e inspiración hacía el Este en busca de fuentes y músicos, pero sólo se encontraron con rastros fragmentarios de una vida antigua. Algunos de esos sobrevivientes los encontraron en Bucarest y Varsovia, y ellos les animaron a continuar haciendo klezmer. Aufwind perseveró y su último disco “Modne welt” acaba de ser lanzado este año.

Entre los países de Europa del Este, hubo un sentimiento de unión, la frase común era que “Todos estamos en la misma mierda”, por otra parte, cada ciudadano de la RDA aprendió ruso porque era una asignatura obligatoria en la escuela. Ocurría lo mismo en Polonia, Hungría, Checoslovaquia y Rumania, y aunque se trataba de un espacio pedagógico impopular (como lo es toda asignatura obligatoria), permitió la comprensión entre estos jalones dispersos de cultura judía bajo la orbita soviética. Además las autoridades no podían prohibir este tipo de actividades sin más, la República Democrática Alemana, se había declarado representante de todas las antiguas víctimas del fascismo y no hubiese podido prohibir las canciones en idisch sin perder su credibilidad.

En 1989 se podía percibir y prever el surgimiento de un enfoque musical por parte de una nueva generación de judíos que rehacían su propia cultura judía correlacionada con el quehacer político de la RDA. Siempre en ese espacio inclasificable, porque depende del ojo del observador, donde el idisch y el klezmer se transforma en herramienta narrativa entre la disidencia y la convivencia con el socialismo. Pero el intento llegó demasiado tarde, la única placa que alcanzó a salir fue el primer disco de Aufwind. Pocos meses después la RDA se disolvió y sus habitantes pasaron a ser ciudadanos de la República Federal Alemana.

El klezmer suena libre y popular tras la caída del Muro de Berlín

Inmediatamente después de la apertura de las fronteras nacionales, en Berlín se inició un “boom del klezmer“, y que se extendió rápidamente por Alemania. Surgieron en la capital unificada una serie de nuevas bandas, cada una daba cuenta de necesidades y maneras diferentes. Algunas tenían influencia de la germano-americana Brave Old World, fundada en 1989 o Giora Feidman, como las bandas: Yardniks y Harry´s Freilach. Otras buscaron su propio camino como LA´OM y Di grine Kusine. En el resto de Alemania surgieron cientos de bandas y ensambles de klezmer: Las más conocidas en los 90’s fueron Oyfn Veg de Hanover y Klezgoyim de Bremen.

Las razones para este sorprendente éxito de la música klezmer fueron los talleres de circo y las presentaciones de Giora Feidman, Helmut Eisel y Brave Old World, que atraían a cientos de músicos de la república Federal en búsqueda de reencontrarse con su lazo oriental. Por otra parte, también influyó el masivo éxito de la celebre banda de Nueva York, The Klezmatics, que presentó su primer disco “Shvaign” en el Festival de Berlín de 1988 y que fue el comienzo de un gran número de giras de bandas de klezmer norteamericanas que dejaron su huella.

En la actualidad, la oferta alemana de bandas de klezmer es grande, se dice que en todas las ciudades de más de 30 mil habitantes pareciera tener por lo menos una. Y cada una incorpora aspectos locales o de interés de los músicos que la componen, judíos o no.

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