Naomi Klein o el sueño de ser leído (y entendido) por millones


Hacía varios años que no visitaba “La Morada”, la casa del feminismo chileno. La oportunidad fue asistir a la última presentación pública del más reciente best seller de Naomi Klein: La Doctrina del Shock. A pesar de mis dudas iniciales, valió la pena.

El periplo de Klein en Santiago fue intenso, venía de ser la estrella de la Feria el Libro de Buenos Aires y el día anterior había estado en el Salón de Honor de la Universidad de Chile donde fue seguida con atención por buena parte del red-set criollo. En la tradicional casona feminista de calle Purísima se agolpó una interesante mezcla de público, desde el ‘progre’ crítico hasta jóvenes globalofóbicos en búsqueda de respuestas. Esto últimos la convirtieron ipso facto en icono y nueva cicerone antiimperialista, a pesar de su explicito rechazo a ser considerada una “gurú”

¿Pero que es lo que seduce de ‘la Klein’? como la llamó un embelesado Pancho Huneeus. Bueno, varias cosas: Primero –huelga decirlo- que es joven, buenamoza, y cuida de su cabello. Luego porque ha sido capaz de convertir sus ideas de crítica radical al sistema, en un best seller al alcance y entendimiento de cualquier hijo de vecino.

Lo que pasa (y es imprescindible que lo aprecien por si mismos) es que la difusión de su idea la hace a través de un breve documental (ganador de numerosos premios) disponible en internet, convirtiendo así, a los maître pensée estructuralistas franceses en unos inleíbles mamotretos, a los seguidores del postmodernismo benjamin-derrideano en unos insufribles derrotistas y las iterativas letanías de Chomsky y Said en enmaraña erudición lingüista.

Es que La Doctrina del Schock es en sí mismo “documental/website/sala de ventas”. Es la επιφάνεια [epifanía] del marketing y el brading del estratégico y helénico Oscar Saavedra, el sueño de la difusión hypermoderme del rizomático Álvaro Cuadra y la excelsitud de un buen C.C.C. + Trading (Concepto central creativo) del televisivo profesor Usach, Daniel de la Fuente.

No hay duda, Naomi klein se convirtió en la sepulturera del Intelectual orgánico (sí quedaba alguno por ahí pataleando) y el azote del tecnoburócrata prógre. Hasta el sibilino El Mercurio le dedicó dos planas completas en su edición dominical. Su documental reproducido cientos de miles de veces en Youtube, es el adiós de los estudiantes de pregrado para el marcusiano Eros and Thanatos, el enrevesado Sein und Zeit heideggeriano y la monumental The Theory of Communicative Action habermasiana ¿Quien tiene tiempo hoy para leerlos? A llegado el tiempo de The Shock Doctrine, que entrega “el concepto” en sólo siete minutos, con relato, música, imágenes… ¡Y gratis!.

Se trata de uno de los mejores procesos de creación de valor de una marca (brand equity) mediante la administración estratégica del conjunto total de activos y pasivos vinculados en forma directa o indirecta al nombre y/o símbolo. En este caso, una idea: “cuándo las sociedades están en shock es el momento de aplicar reformas estructurales porque la reacción es insignificante” y “el Chile de Pinochet y Sergio de Castro fue el primer lugar dónde se probó esta doctrina”, que denomina “capitalismo del desastre”.

¿Críticas? Por supuesto, siendo rigurosos su tesis hace agua por varios lados. Demasiadas generalizaciones e inexactitudes. Para nosotros, mapochinos, es fácil advertir los pasos forzados sobre el caso chileno y el tiempo de Pinochet. Pero “la Klein” es transparente y reafirma que no desea hacer historia, ciencia política o sociología. La canadiense es fiel con su rol periodístico de “traducir” realidades y conceptos complejos a públicos amplios, sin pretensión de objetividad, sólo de veracidad. Si se prefiere, en términos bungueanos podría cumplir los tradicionales cuatro criterios de evaluación de una teoría: Apropiabilidad, validez (consistencia interna y externa), predicción y fundamentalmente valor heurístico y función comunicativa.

Por último, una apostilla que esclarece esta posición.

Lo que pasa es que ella y su marido, el también documentalista Avram (Avi) Lewis, son herederos y representantes de un mundo que es parte de la identidad de América del Norte pero que aquí en Chile es prácticamente desconocido: el horizonte de los Arbeiter Ring y su producción intelectual. Redes de conversación, amistad y activismo típicos de la ilustrada y anti-MacCartista (hoy anti-NeoCon) lefty norteamericana. El matrimonio Klein-Lewis es confluencia a su vez de enraizadas corrientes de “afinidad electiva” (Wahlverwandtschaft), me refiero al Yiddishkeith, el Labour Movement, la New Left y el revival religioso del Tikún Olam. Ideas que tienen un tímido correlato sudaca que se puede hallar básicamente en el ikufismo argentino (Yidisher Kultur Farband) y el Buenos Aires Idisch. Usé la weberiana palabreja porque incluye tanto las ideas como los afectos ‘tribales’ y Klein no escapa a ellos.

Klein es hija de un médico, activista contra la guerra de Vietnam y de Bonnie Sherr Klein, documentalista feminaria. Es también nieta de un sindicalista del movimiento obrero, y hermana del director del Canadian Centre for Policy Alternatives. Avi es nieto de Moshe Losz (Lewis) un aguerrido bundista polaco radicado en Montreal en los 20’s. En síntesis, ella es en sí misma resultado de la historia industrial y política de las urbes de la zona de los Grandes Lagos y la Costa Este. Naomi Klein es a la vez; producto, víctima y usuaria, látigo y vergajo del capitalismo avanzado y los mass media.

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