
Escribir con entusiasmo creyente un post en apología a la Emuná (la palabra hebrea para fe) nunca estuvo en mis planes pues ‘soy ateo gracias a Di’s’ pero ¡Oy Gevalt!, me declaro ahora adicto a Emunah, la banda que remece el circuito británico de la world music. Su repertorio de hiphop y psyco-klezmer me hace gozar cuándo sacude las tradiciones judías con su con su fusión de melodías del mundo: rock, breaks, voces y bases drum & bass.
El nacimiento de está nueva fe sucede luego de noctámbulas conversaciones en una casa del norte de Londres el año 2002, cuándo dos amigos convierten el dormitorio de uno de ellos en el templo sacro donde hoy desvarían seis iniciados en la música radical judía. Se trata de una ‘fe’ cuyos demiurgos proceden de diversos orígenes étnicos, eso incluye creyentes judíos, israelíes agnósticos e inmigrantes rusos.
Pero como buena fe que se precie de tal, lo que está removiendo Emunah en los pubs britanicos sobrepasa la mera practica del klezmer world music; son parte importante de la actual revolución contracultural judía. Aquella que empezó en Nueva York a principios de los 90′ como el entusiasta intento de crear una nueva identidad judía, de estructura más radical, menos culpable y con nuevos sentidos de diversión. Ese mismo movimiento contracultural que edita Heeb Magazine, JLifestyle o The anarchist ortodhox, y que tanta falta hacen en nuestras mostrencas kehilot chilenas y andinas.
Emunah entusiasma porque no sólo suena bien sino que suena irremediablemente judío, adictivamente hip-popero y garantizadamente libre; como ocurre con su versión tardo-industrial del tradicional salmo Essai Einai, o el anómalo tango-beat, que sonará delicioso al publico trasandino de YOK (judaísmo a tu manera), la agrupación de amigos porteños que hastiados de proseguir con los kvetchjed (quejidos) de la argentinidad judía,
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