A Daniel Kahn & Painted Birds hace meses que le debo una reseña. Llevo semanas disertando sobre su proyecto en los lugares más inesperados; por ejemplo he tocado fuerte sus videos en la sede local del Hashomer o sentado en una cuneta pudahuelina me he llenado la boca sobre lo heurístico en las letras de Daniel Kahn. Me gusta su estilo: resignificar el horizonte judío mediante esa herramienta irresistible que es la música no tiene desperdicio. Por eso, los invito a revisar la propuesta “Punk-Cabaret, Radical Yiddish, Gothic, American Folk, Klezmer-Danse Macabre, Jewish Political Postanarchism” de Kahn y sus pájaros pintados.
Por definición la música tradicional judía es para muchos, pero en la practica no es para todos. Como lo es esta ácida versión de Kahn de la “Marcha de los Cesantes” de Mordechai Gebirtig. Quienes gozan de verdad por lo general resulta ser el pueblo ilustrado y aunque las opiniones sobre la importancia del genero klezmer difieren, nadie ignora que su revival supera ya los piélagos judíos y conquista otras costas. Así, para quienes el yiddishkaith inspira, se hace inexcusable echar un vistazo a la discografía de Daniel Kahn y su banda The Painted Bird. Su último álbum lleva el evocador título de Lost Causes y se percibe en él, una orientación, un derrotero que tiene que ver con una feraz senda a seguir más que con causas pérdidas.
Definido alguna vez como “El más caliente compositor maldito del que nunca has oído hablar”, Daniel Kahn (nacido en Detroit y residente en Berlín desde hace seis años), se describe a si mismo y a su estilo musical como “klezmer alienado”. Básicamente lo que hace es tocar y cantar sobre todo y todos, en especial sobre cosas que ignorábamos pero que –paradójicamente- nos son familiares bajo una nueva luz y por lo tanto, resignifican la identidad del oyente (en especial si este es judío) para re-moverle y re-volverle a una posición nueva, una en la que se cuestione su punto de vista anterior.
Lo de Kahn es klezmer, pero con una diferencia. Sus discos se presentan como una emocionante mezcla de canciones que tienen origen en un pasado que ya no existe, por eso a primera vista sus letras no nos parecen significativas, pertinentes. Sus canciones, obtenidas por lo general de desenterradas desconocidas partituras idischistas o bundistas, hacen que la elección de rescate sea una excusa para contar historias que son superlativas para el presente de la humanidad misma. Todas las canciones giran en torno a temas universales como el dinero, el trabajo, la guerra, la libertad, el amor. Temas que han ocupado a la gente en todo momento y en todo lugar. En Lost Causes las letras están escritas en ídisch, inglés y alemán; en The Unternationale, el tercer idioma usado es el ruso, gracias al aporte del colaborador más genial que se quisiera una banda de klezmer, el bardo multilingüe Psoy Korolenko.
Y ese universalismo unido a tribalidad de la experiencia judía obrera hace que muchas de estas canciones que fueron escritas a principios del siglo pasado y en un contexto histórico muy diferente, para quienes delimitan su identidad dentro de la categoría de pueblo ilustrado, o kehilá ilustrada. Canciones como Klezmer Bund permite reírse de sí mismo y ‘la tribu’; su ojeada atenta a la historia como en Six Million Germans / Nakam del álbum Partisans & Parasites te llena de sentimientos peregrinos:








