el juego de la “geografía judía”

The Jewish Childrens Museum, Brooklyn, Nu Yorker.
The Jewish Children's Museum, Brooklyn, Nu Yorker.

Alguna vez, todos hemos jugado el juego de la “geografía judía” -usted sabe- el típico interrogatorio a quien sólo ha conocido recién con el fin de descubrir las conexiones judías comunes, de amistad, familiares o incluso biográficas. Es que el horizonte judío permite la posibilidad de practicar tan curiosa costumbre. Claro que en algunas ocasiones, producto del entusiasmo nos puede dejar luego con la sensación de “meter la pata”. Pero en general se aprecia un gusto en trazar nuestras experiencias, en delinear una especie de topografía judía de interconexión, sobre los orígenes y las historias de una lejana mishpajá (familia) centroeuropea o mediterránea.

De alguna manera siento una sensación de profunda satisfacción cuando descubro un inesperado vínculo con un extraño. A mi juicio no se debe despreciar tal sentimiento de comunión. Se le debe mirar como una suerte de don no divino, aunque tenga un efecto casi mágico de comunión con el denso tejido del tapiz de la vida judía -o al menos- con esa persona o lugar que contribuye a tejer ese tapiz.

Conozco a una fotógrafa, también escritora que se dedica a estudiar este fenómeno; ella es Ruth Gruber Lleva casi 20 años observando la evolución cultural judía contemporánea. Ruth acuñó el término “Virtualmente judío” para describir la forma en que el llamado “espacio judío” en Europa es a menudo ocupado por no-judíos como explica en su libro Herencia Judía: Una Guía de Europa oriental, (2007).

Pero es el reciente “Topografías judías: Visiones de espacio, tradiciones de lugar” (Editorial Ashgate, 2008) quien me ha dado un espaldarazo en mi visión del juego de la “geografía judía” y del “habitar heideggeriano” que conociera gracias al arquitecto Aron Rozenbaum. Se trata de una colección de ensayos de una veintena de académicos internacionales que participaron de una investigación de seis años de la Universidad de Potsdam, Alemania.

Ellos proponen un nuevo campo de estudio: Makom, o “lugar” en hebreo, a cualquier proyecto destinado a estudiar la importancia del espacio y el lugar en la vida judía y la cultura. Se trata del mismo espacio la historiadora parisina diana Pito denomina simplemente “espacio judío”. Término que acuñó en el decenio de 1990 para describir el lugar que ocupan o habitan los judíos, en la propia cultura judía y asimismo el lugar de los judíos dentro de la memoria principal de la sociedad europea, independiente del tamaño o actividad de la población judía local. Ideas todas que desarrollamos hace unos tres años atrás con Franscesca Bucci (licenciada en arte), Valeria Navarro (historiadora) y Mauricio Tassara (estudiante rabinato) con ocasión de la posibilidad de venta y demolición de la sinagoga de la Comunidad Israelita de Santiago, situada en una céntrica calle santiaguina; como también el lugar que tiene en la vida no judía otra sinagoga, el Bikur Joilim, parte de la identidad de los actuales vecinos de un viejo barrio de inmigrantes de la capital donde se emplaza.