Misr! ya umm al bilad /Inti ghayati wal murad / Wa alla ku il ibad /Kam lineelik min ayadi.
¡Egipto! Madre de todas las tierras,/ mi esperanza y mi ambición, / ¿Cómo puede uno contar las bendiciones / del Nilo para la humanidad?
Hoy cayó Mubarak, me avisó en el momento la Valeria; hoy los ciudadanos egipcios se liberaron de su yugo. Me toma por sorpresa, mi estado de ánimo es de completa exaltación, o una especie de excitación que embriaga. Nada de lo que ahí ocurre me es indiferente porque “yo también fui esclavo en Egipto”. Primero fue el rumor, se corrió la voz que había salido del país. Lo cierto es que está junto a su familia en el Sinaí en Sharm el Sheik, que es decir prácticamente lo mismo. No me imagino a Egipto sin Mubarak, buena parte de mi vida ha estado ligada a su figura ya que siempre seguí con vivo interés la suerte del Nilo.
Primero, invariablemente me he visto como “si yo mismo hubiese salido de Misraím”. Segundo, se asocia a uno de mis primeros recuerdos de vida. Soy niño y vivo en el rural Quilpué, es la época del “boom económico” pinochetista, y en casa tenemos tele nueva, una Sony triniton de 21”. Un día cualquiera interrumpe el almuerzo un Extra noticioso, Teletrece anuncia que han matado a Anwar Sadat. Recuerdo las imágenes, una galería metálica con cuerpos, algunos muertos, heridos, estampida, sangre en los rostros, desorden. Resultó que ese trágico día, al costado de Sadat estaba su primer ministro Hosni Mubarak, el militar respetado. A partir de ahí, Hosni fue capaz de mantener el orden, y superar el desafío dar credibilidad a la frágil paz con Israel y hacer navegar la nación a medio camino de las superpotencias. Shimon Peres ha declarado “Su contribución a la paz no será nunca olvidada”, y yo, al viejo Peres le sigo creyendo.
Pasaron los años, llega el fin de la Guerra Fría y el mundo se trastoca por el religious revival, la revancha de Dios contra la modernidad. En el caso árabe Dios viene de regreso tras la frustración del panarabismo y la modernización burocrática. ¿Recuerdan la violencia magrebí a principios de los años 90’s? Primero fue en Argelia, el terror diario, las matanzas a través de los pueblos repartidos por montes Atlas, asustaba. En el Nilo los hermanos musulmanes crecen sin oposición, y algunos grupos van más allá, en 1995 en la capital etiope la Yihad islámica lo intenta (será el tercero de seis atentados contra su vida), pero Mubarak se mantiene firme. Ya se comporta como un faraón, y actúa en nombre de la sociedad egipcia. Después de algunos años derrotará militarmente al islamismo político, pero el resultado será un régimen autócrata, reñido con los derechos humanos y castrador de la tradicional diversidad de las elites egipcias. Felipe González cuando enfrentó a la ETA cayó por mucho menos.
Mubarak lleva al país por la senda del crecimiento económico. Es la época en que aprendo su himno: “Misr… ¿cómo puede uno contar las bendiciones del Nilo para la humanidad?” No, uno no puede, su patrimonio lo bebemos desde la educación básica hasta siempre. ¿De hecho, judíos y musulmanes no le rezamos al mismo Akenaton? ¿y los crisitanos al Osiris triunfante?.
Mientras, en el Egipto cotidiano, el gobierno centralizado del PND logra que millones salgan de la pobreza o obtengan habitación digna, y que otros cuantos millones más accedan a los privilegios y usos de las clases medias occidentalizadas. Pero eso no fue suficiente. No tendría por qué serlo. “¡Malagradecidos!” exclamó Lucia Hiriat de Pinochet la noche que su marido perdió el plebiscito de 1988. No sé que habrá dicho hoy Suzanne Thabet (padre egipcio, madre inglesa), la ilustradísima esposa de Hosni, pero tengo certeza que su maestría en sociología le permitirá ser más asertiva que la antipática mujer del dictador.
Hoy desperté libre en lo político, así ha ocurrido desde 1988, y créanme, la diferencia se nota; por eso a todos los rafiqs (compañeros) egipcios que ocuparon las calles exasperados y hastiados de décadas de autocratísmo, mis saludos; les deseo con sinceridad, lo mejor pues como dice su himno: Biladi biladi biladi / Lakihubbi wa fuadi (Mi patria, mi patria, mi patria, / mi amor y mi corazón están para ti.)



















