Una vez al mes se reúne un grupo de amigos democratacristianos con el fin de discutir sus fuentes. En amena tertulia discuten sobre el personalismo cristiano de Jacques Maritain, el humanismo y derechos humanos de Jaime Castillo o la biografía política de Konrad Adenauer. Esta primavera se instruyen sobre Paul Celan; el poeta aciago que inspiró a una generación de militantes del CDU alemana y europea. Vecino parisino, rumano de origen bukovino-ashkenazí y habla alemana o bukowinerisch, vieron en su poesía un cruce radical entre la teología negativa y modernidad. Estos amigos me han invitado a contextualizar a Celan, pues se les presenta enrevesado.
Es allí, a la orilla del río Prut, dónde nació Celan, y ese sólo evento ya es significativo. Importa mucho porque Czernowitz es también la antigua capital del ídisch que conmemoró hace pocas semanas atrás los 100 años de la Conferencia de la ciudad de marras, y que tuvo como objetivo legitimar el yiddishkeit y su fuerza creativa; en esos momentos expansiva.
Durante cientos de años, los lugares más creativos del mundo no fueron París, Roma o Londres sino territorios más intensos marcados por su profunda heterogeneidad. Uno de esos marcos urbanos fue Czernowitz, hoy en día territorio mono-cultural y empobrecido, pero que antes de 1914 y durante la primera mitad del siglo pasado fue una de las fuentes de la cultura europea.
Esta ciudad como otras analogas no es difícil distinguirlas; Trieste, Viena, Cracovia, Praga, Czernowitz, Budapest, Estambul, Esmirna, Odessa, Varsovia, Berlín. Todas ellas no sólo son ciudades diferentes son también también lugares donde germinó la modernidad. Paul Celan nació en ese mundo, el universo de Raine María Rilke, del pintor Egon Schiele, de Freud y Dvorak. El elemento esencial de ese mundo cosmopolita es la palabra heterogeneidad.
El Czernowitz de los padres de Celan y de su infancia fue un lugar mestizo, un cruce de caminos y de lenguas. Una ciudad que desde la fundación de su universidad en 1875 hasta la segunda guerra mundial, fue un polo cultural de una intensidad completamente extraordinaria. Un topos donde convivía el alemán, rumano, ucraniano junto con la lengua franca: el idisch como centro de la vida en la ciudad. Es la entrañable ciudad del joven Mihai Eminovici, hasta hoy, el más popular poeta rumano. Ese es el entorno donde se crió Paul Antschel Schrager (Celan). Un ambiente en el que uno tenía que estar en guardia y saber acerca del “otro” en muchos sentidos. De igual forma que hoy en Londres o Haifa, donde se necesita estar en diálogo con personas ajenas a su lazo cultural materno, en la ciudad a los pies de los Cárpatos dio curso a una rica vida cultural.

Marmi Michejda, Warsaw
¿Qué nos enseña esta ciudad?. Nos ilustra que desde los tiempos de la infancia de Celan, la metáfora de Czernowitz ha estado bajo ataque por lo menos 100 años. Y da lo mismo si te defines como humanista cristiano, seguidor de la laikrik turca o entusiasta del movimiento keiruv (acercamiento); el nacionalismo como también la ultra segmentación del globalismo postmoderno han creado un mundo donde el sujeto desea vivir con gente como uno, iguales en palabras y hechos. Como si el country, la ciudad satélite o el barrio segregado y homogéneo fuese la perfección urbana. Hoy en día, la metáfora de la Czernowitz está siendo destruida en Bagdad dónde los muros separan las comunidades o en los “ranchos” guatemaltecos donde el tatuaje divide y deshace, convirtiendo lo que fue una ciudad diversa, creativa, en una ciudad muerta, en un pueblo imperfecto y trágico como los residentes judíos de Czernowitz.









Bonita, muy hermosa la foto arte. Los textos, la verdad se quedan con el chip pegado al siglo XIX.
Sobretodo faltan poetas latinos, españoles, ingleses, africanos, etc. Buen intento, gracias. Volveré el próximo año.