[Foto: Bhamdoun, balneario habitual de los judíos libaneses hasta los años 70's]
El desencuentro y el odio no han sido siempre característicos de la relación árabe judía. Por lo menos en Chile, por el contrario, durante años las elites comerciantes de provincia vivieron en la practica la cooperación y amistad entre árabes y judíos. Mi familia, y yo de modo personal, exprimenté esto en La Serena y Quilpué. Por eso les dejo este diálogo que me envía Nonie Darwish sobre May Achar Sambra, periodista judeo-mexicana nacida en Líbano cuándo se encontró con Sami Fakhri Twal, presidente de la Asociación de Hoteleros de Jordania, nacido en Jerusalem, en el marco del Tercer Congreso Turístico Internacional celebrado en Jerusalem. De común acuerdo, y como un pequeño aporte una paz que se deja esperar, decidieron sólo hablar de experiencias positivas vividas en carne propia. Aqui fragmentos de esa experiencia que deberíamos replicar.
Fakhri Twal: Nací en Jerusalem en una familia muy pobre. De pequeño, me enviaron a Haifa donde unos tíos tenían propiedades: se esperaba que ellos me abrieran el camino de la vida. Sin embargo, en 1947, se iniciaron los eventos que culminaron con el nacimiento del Estado de Israel. Mis tíos escaparon con sus familias. Como era pobre, mis tíos pensaron que mi vida no valía mucho y me dejaron cuidando de las propiedades. Así conocí a los judíos y conviví con ellos; fuimos como hermanos. Yo era aún un niño y ellos vieron por mí; a cambio, tenía yo contactos para conseguir víveres en el barrio, los cuales compartía con mis vecinos judíos.
May Achar: Recuerdo Wadi Abu Jmil, el barrio judío de Beirut. Crecí con mis vecinos, cristianos y musulmanes, y convivimos en una armonía que sólo se logra por medio del conocimiento de los demás. Por ejemplo, parecía natural que, en Shabat, un musulmán ayudara a un judío a calentar su comida; mientras que no nos extrañaba en lo más mínimo escuchar, en Ramadán, los voceros que pasaban a las cuatro de la mañana, para recordar al musulmán que debía comer a esta hora para soportar el ayuno en el día. Dice un dicho árabe que un buen vecino es mejor que un buen hermano y supimos darle aplicación a este refrán.
Fakhri Twal: Quiero platicarte de una ocasión en el que uno de mis nietos enfermó de gravedad. En Jordania, los médicos no lograban coincidir acerca del diagnóstico. Entonces llamé a mis amigos del turismo israelí, Michael Federman y Avi Rosenthal. Me dijeron: “Tu nieto es bienvenido en Israel”. Los médicos israelíes le salvaron la vida.
May Achar: A mi casa en Líbano llegaba a diario el verdulero musulmán, con su carreta llena de fruta y verdura fresca. Desde su balcón, mi madre le lanzaba una canasta colgada de un mecate, con la lista del mandado. Esta misma canasta subía con los víveres , y era deslizada con el dinero. Esta relación comercial del diario se había transformado en una sólida amistad.
Mi madre entonces laboraba como maestra de kínder. Un día, el verdulero llegó con una petición: tenía un hijo sordomudo que ninguna escuela quería recibir y había pensado en que la maestra del colegio judío podría hacer algo por él. Mi madre aceptó al “oyente” en su grupo, e intentó inculcarle algo de conocimiento y darle un poco de amor.
Al cabo de unos meses, y como consecuencia de su malformación, el pequeño sordomudo enfermó y murió. Pero el verdulero quedó agradecido con mi madre.
Cuando explotó la guerra civil en Líbano, las calles fueron invadidas por guerrilleros, francotiradores y mercenarios de todas las denominaciones. Debido a las balaceras y los bombardeos, no se podía salir- y hubo quien sufrió hambre por estar atrapado en su casa. Mi familia fue una de las privilegiadas, pues el verdulero –que ahora se había unido a uno de los ejércitos de la contienda- llegó desde el primer día a ponerse al servicio de mi mamá, abasteciéndonos de fruta, verdura y abarrotes, con estas palabras:”Ahora me toca devolverles el favor.”
Sin embargo, su agradecimiento no se limitó sólo a mi madre, sino a todos los judíos.
En una jornada de particular violencia, tocó a nuestras puerta, trayendo del brazo a un judío exsangüe. Explicó el musulmán: “Estaban por fusilarlo, pero sé que es judío como ustedes. Con pretexto de interrogarlo, lo hice escapar. Escóndanlo para que no lo puedan encontrar”. Una buena acción tiene a veces consecuencias inauditas…
Fakhri Twal: Cuando Jordania firmó el tratado de paz con Israel, fui invitado a mi primera relación de hoteleros israelíes. El presidente de los hoteleros de Tiberias comentó algo que me parece digno de relatarse: “No sólo debe haber reconciliación entre nosotros, sino paz”. “¿Cuál es la diferencia?”pregunté. “La reconciliación es simplemente un cese de hostilidades” me dijo. En cambio, la paz significa que nos aceptamos, que nos visitamos, que nos queremos.”
Tú sabes que, de Ammán a Jerusalem, hay una distancia de una hora y media en carro. Si tengo ganas, podría de pronto comunicarme con mis amigos Michael y Avi y decirles: “Esta noche, mi esposa y yo vamos a cenar con ustedes”. Ésta es la paz.
May Achar: La paz, como la guerra, siempre inician con palabras. Recuerdo uno de mis maestros de secundaria que nos hizo borrar del mapa la palabra “Palestina” que, en, los setentas y en el libro de geografía, cubría -y probablemente sigue cubriendo hoy- la extensión de Israel. “Esta nación ha sido aceptada por la Organización de las Naciones Unidas, lo que significa que la ha aceptado el mundo” dijo el maestro.”De nada sirve practicar la política de la avestruz y negar su existencia.” Ojalá el pueblo palestino y algunas naciones árabes tuvieran el sentido común de pensar de esta manera.
Fakhri Twal: Hoy, fuimos al Muro de los Lamentos. Una mujer introducía papelitos en las grietas y yo le pregunté, aunque sabía la respuesta: “¿Para qué son los recados que entregas al Muro?” Me contestó: “Para que se cumpla uno de mis anhelos más queridos: la paz en Israel.” Con todo el respeto que debo a esta costumbre que ustedes tienen, le hice notar que el Muro no es quien va a lograr la paz, sino los hombres, y en particular los líderes.
Todos somos hermanos que creemos en D’os. No hay herejes. Los líderes de los países árabes que demonizan a los israelíes están descarriando a sus pueblos.
El rey Abdallá y el rey Hussein fueron dotados por D’os de más entendimiento que otros para la paz. Ojalá y los países árabes que no han firmado la paz con Israel entren en razón y sigan su ejemplo.
Quisiera terminar citando a Shimón Peres: “Me gustaría”, dijo, “que, en vez de 5000 tanques en el Golán haya 5000 autobuses de turistas.”








